moderneces y mass media, nihil

random shopper

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leo en PSFK que un señor llamado Darius Kazemi ha creado un bot (un pequeño programita diseñado para ejecutar una acción sencilla) programado con los gustos del usuario para comprar en su nombre en Amazon.

el bot examina tus preferencias, busca en Amazon y te compra un producto “sorpresa” que a continuación te envía, un producto del que nada sabes hasta que llega a tu casa. como un regalo que te hicieras tú a ti mismo. y para mayor tranquilidad, trabaja siempre con un presupuesto limitado que previamente estableces tú. solo faltaría que un pequeño montoncillo de algoritmos se fuera por ahí de compras a lo loco con tu tarjeta, como una mujerzuela.

al parecer, posee un índice de acierto bastante elevado. no obstante, no se me ocurre una forma más tecnológicamente fría y consumista de mostrarte a ti mismo que estás solo. aunque estoy dividida, porque también me hace pensar en una forma nueva de mantener un diálogo contigo mismo a través de objetos (las compras) en los que probar a reconocerte, casi al azar, aunque la programación supuestamente al azar le deja muy poco.

lo que sí es seguro es que el diálogo solo podrá ser con el objeto (un monólogo, o un diálogo contigo mismo, a lo sumo), porque el remitente no admite más preguntas ni consideraciones que las modificaciones que podamos hacer en sus parámetros.

ni un gracias.
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miserias humanas, moderneces y mass media

el señor de la barba que nos incordió incluso muerto

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En política, como en la vida, cambiar un relato oficial es peligroso porque, cuando un contenido inicial empieza a llenarse de matices, empiezan a surgir suspicacias. Hay que ser sumamente cuidadoso con los nuevos añadidos, pero sobre todo con las correcciones. Y, por encima de cualquier cosa, todo lo que venga detrás tendrá sentido al ser hecho público siempre y cuando sirva para mejorar la historia inicial. Son complementos, añadidos, enriquecimientos… O al menos deben serlo. Eso es básico en toda buena campaña de comunicación. Y si te mira el mundo entero con un asunto tan gordo… igual te interesa ser cuidadoso con tu comunicación.

Personalmente, no creo que estos tipos sean tontos. Más allá de las implicaciones éticas de las circunstancias de la muerte del tipo este, o de si la detención se ajusta a derecho o no, hay algo sumamente extraño en cómo se está desarrollando la narrativa del asunto desde que se hizo pública la noticia. No es consistente, como debería serlo en algo así; está siendo chapucera, torpe. Da sensación de improvisación y es rarísimo en un gabinete que cuenta con algunos de los mejores cerebros en comunicación política del mundo. Me resisto a creer que se les vaya de las manos de esta forma, estos tipos no son idiotas…

Los cambios de timón que estamos viendo no son por falta de cálculo, ni por datos erróneos, porque al fin y al cabo no cuesta nada seguir diciendo lo mismo que has dicho desde el principio sobre algo que solo has presenciado tú. No. Cuando eres testigo único, juez y parte, puedes contar lo que te plazca. El relato es tuyo… A menos que haya algo que te obligue a contar otras cosas, aunque no lo necesites, y que además te está haciendo quedar en evidencia.

¿Marcarte ante el mundo y tu pueblo la muerte de Bin Laden, al fin, para acabar 24 horas más tarde balbuceando tonterías injustificables y datos inconexos? Sigue diciendo que estaba armado. Mantén lo del escudo humano. Ya que te invistes de justicia infinita para vengar a tus muertos, sé enteramente dueño de tu versión. Con dos cojones.

No sé. Hay algo que falta en el cuadro. Hay algo que nos estamos perdiendo. Y debe de ser importante.

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miserias humanas, moderneces y mass media

imparcialidad, libertad, whatever

ayer por la mañana, en Los desayunos de TVE, maría dolores de cospedal y ana pastor se enciscaban de aquella manera. la una acusando a los informativos de TVE de falta de imparcialidad, la otra recordando épocas demasiado cercanas en las que la manipulación más torticera hacían de la cadena estatal la opción menos deseable para informarse, según buena parte de la audiencia, como reflejaban los datos, y ya no digamos para trabajar. los profesionales de la información tienen ese tonto capricho: el de querer decidir su agenda en función de la importancia que ellos mismos juzguen para cada tema, y por alguna extraña razón, les parece mal que prime el juicio de un partido político por encima del criterio informativo. ya bastante se ha emputecido ensuciado el ejercicio de esta profesión. como hace no mucho escuché decir a iñaki gabilondo, la clase política de un tiempo a esta parte ha empezado a desarrollar un tic hacia los periodistas, una especie de “déjame en paz, y no me molestes que estoy haciendo la democracia”, que de manera natural se ha extendido a la ciudadanía sin el dique de contención de una prensa realmente libre y fuerte, que se plante ante las ruedas de prensa donde no se permiten las preguntas -muy de moda de un tiempo a esta parte- o los experimentos semánticos de los corruptos -porque, a estas alturas, ya sabréis que “imputado” no significa lo mismo en todos los casos, ¿no?-. pero también se necesitan profesionales de la información que se trabajen lo suyo, que repitan las preguntas hasta que saquen las respuestas necesarias, que no se cansen, que busquen, que se documenten, que no copien y peguen comunicados de prensa con esa alegría de vivir que da el pensar que tienes el trabajo solucionado. sólo así tendremos lo que hay que tener para evitar volver a ver esto:

en fin. lo de siempre. que para que sea perfecto se necesita un poco de todo de lo bueno de cada uno. y la indignación no tiene por qué ser un sentimiento malo cuando alguien viene a tu casa y te dice que haces mal tu trabajo cuando, anteriormente, ese alguien te obligó a hacerlo mal en contra de tu conciencia. ¿que la pastor se ha metido a sí misma dentro de la noticia? vale. cuando ser puristas con la praxis te puede conducir a que un día no puedas practicar el periodismo tal cual entiendes que debe ser, una opinión a tiempo es necesaria. válida. buena. y es tu trabajo: no permitir que se olvide el pasado, hacer del presente un relato con sentido siempre partiendo de la verdad, y señalar con el dedo al que miente.

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