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un recital para empezar el curso

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poética

Hay un cerdo vestido de Gucci gritando y dando patadas, y una recomendación expresa de tratar bien a los animales que pasa por no verter agua hirviendo sobre las hormigas y no meter arañas en los agujeros de los enchufes.

Hay carreteras con nieve y amigos en el asiento de atrás del coche, fotos de grupo con gafas de sol y abrigos de botones cruzados, en mitad del campo, como si nos hubieran recortado de cualquier calle gris de cualquier ciudad industrial y nos hubieran pegado allí, y hubiéramos conseguido engrisecerlo todo a nuestro paso con nuestra sola presencia -horas antes el centro comercial parecía una feria abandonada con prisas por aviso de bomba atómica-.

Hay muchos recuerdos y muchas conversaciones nuevas y antiguas sobre aquello que es o que no es lo “realmente auténtico”, como si de tanto hablarlo se materializara, como si tal “aquello” fuera a aparecer de repente en coordenadas concretas de los ejes espacio-tiempo. Con nombrar basta, con nombrar basta, con nombrar basta.

Hay una ironía que se sostiene sobre la certeza de que el ser en el mundo está rodeado de cosas por las cuales su alma es constantemente sustraída, desde un champú a una escultura de Rodin.

Hay ruidos. Hay muchos ruidos. Dentro. Se vierten dentro de las palabras y las palabras se encadenan y bailan.

Y quizá la poesía no sea más que una maldita variante del pensamiento mágico que parte de la idiotez de que las cosas se curan al escribirlas, como si el salirse de la vida para mirar desde fuera ayudara a vivir mejor…

Siquiera a vivir.

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artes varias, lecturas

el libro de aarón

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Soy de gustos difíciles, además de persona poco tolerante con lo que no me llena. Y, además, si es literatura, me tiene que emocionar. Como me emociona la tranquilidad de los poetas norteamericanos de determinada generación, no generación como grupo, sino como rango de edad, que por alguna extraña razón socio-histórica han aprendido a ver y a contar la realidad de determinada forma. Me pasa con Robert Hass, o con determinados poemas de Mills Fox Edgerton. Pero eso es materia de otro post.

A pesar de que soy lectora ávida, este encuentro con un poemario que realmente me llegue, no sucede tanto como yo querría. Quizá por eso, me alegro tantísimo cuando encuentro algo que me gusta, sobre todo cuando es de alguien que me cae cerca. Me pasa habitualmente con Pepe Ramos, con las veces que me hace reír Julio Santiago o cuando Óscar Martín Centeno se me pone mitológico, por mencionar un puñado de ejemplos. Y esta vez me ha sucedido con Aarón García Peña.

En primer lugar, debéis saber que cuando arrostréis esta portada, lo que os vais a encontrar es una colección de poemas de UNA SOLA PERSONA, que, encaramado al andamio del epigrama y la greguería, ha compuesto una retahíla de entradas con cada uno de los pueblos de la provincia de Barcelona. ¿Los habrá visitado todos? A quién le importa, los nombres, desprovistos de significante y con un significado nuevo, son el punto de apoyo de cada una de las imágenes que va desgranando.

Me ha sorprendido muchísimo que Aarón, con su gran dominio técnico, se desmarque de repente con un ejercicio de experimentación como este. Y el resultado es formidable.

Creo que escuchado en alguna parte que se trata de una novedad. En el autor puede, pero en el panorama no es cierto. Solo que los referentes no los vais a encontrar en otros libros, sino en Twitter. Cada poema corto y en prosa tiene todos los ingredientes para ser un ‘poetuit’, tal vez un nuevo tipo de estrofa 2.0 acorde con los tiempos que corren, solo que en el caso de Aarón solo está colgado en las páginas de este libro que os recomiendo encarecidamente.

Por cierto, a ver si os hablo un día de estos de la serenidad de Mills Fox Edgerton y la nostalgia de Julio Santiago.

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lecturas, moderneces y mass media

lecturas y simpatías

Esta es mi primera colaboración con el programa “Los dos de la tarde”, de Canal Extremadura Radio, dentro de la sección “Extremeños de guardia”. Se puede escuchar aquí.

***

Es un día cualquiera para cualquier mortal, pero para Mikael Blomkvist se trata de un capítulo más de una intriga de aventura y misterio que usted, probablemente, está devorando página tras página. Seguramente, se alegre de sus éxitos y experimente rabia con las injusticias que se ciernen sobre él y su amiga Lisbeth Salander. En resumen, podríamos decir que ha simpatizado con estos personajes porque lo que les ocurre y lo que piensan, de alguna forma, coincide con su sentido ético. O al menos, no desentona en exceso… Son héroes al uso, con un concepto claro del bien y del mal que le resultan aceptables y no le incomodan.

Pero debo recordarle, no obstante, que los personajes de una novela no son más que conjuntos ordenados de palabras, a pesar de que tienen la extraña capacidad de hacernos sentir cosas. Y muchas veces juzgará erróneamente su calidad en la medida en que estos personajes le caen bien. Esto tiene nombre: se llama ‘moralidad simpatizante’, y se refiere a cuando encontramos arquetipos que más o menos responden a nuestra manera de ver el mundo. Usted lo notará en que se sentirá cómodo leyendo, en que podrá leer capítulo tras capítulo sin tener que preguntarse nada más que por los giros de la trama que le tiene atrapado.

Esos conjuntos de palabras, estos personajes, no le van a incomodar, porque en todo momento podrá comprender la motivación de sus actos. Son lógicos, son normales, aunque lo que les ocurra sea excepcional. No cabe esperar una rareza que a usted le descoloque. Pero eso, amigo mío, es precisamente lo que se está perdiendo… La extrañeza.

Atrévase a apostar por los inadaptados. Por un Ignatius J. Reilly, en LA CONJURA DE LOS NECIOS, que sueña con una vida medieval en pleno siglo XX. Por un adolescente Holden Cauldfield, en EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO, y experimente su enfado con un mundo que hasta ayer usted pensaba que era normal. Por una antihigiénica Helen Memel, en ZONAS HÚMEDAS, donde quedarán abatidos todos sus prejuicios sobre el sexo y la limpieza corporal.

Trate de averiguar por usted mismo qué es lo que motiva todas estas conductas, sin que nadie se las explique. Usted es perfectamente capaz de percibir y juzgar por sí mismo. Y tal vez se encuentre, para su sorpresa, empatizando con todos estos personajes. Cuanto más se aleje de su propio punto de vista, más se enriquecerá su persona, porque esta lectura no es sino un ejercicio de exploración de los infinitos modelos de seres humanos con los que usted se puede topar a lo largo de su vida.

Así, tal vez, se encuentre en mejor disposición de afrontar situaciones y personas desde un punto de vista más abierto.

Y si, finalmente, opta por no seguir estas humildes sugerencias, continúe por favor… Continúe leyendo. Porque el acto de leer, en sí mismo, es bueno y, al fin y al cabo, también le aportará buenos momentos.

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