lecturas, moderneces y mass media

lecturas y simpatías

Esta es mi primera colaboración con el programa “Los dos de la tarde”, de Canal Extremadura Radio, dentro de la sección “Extremeños de guardia”. Se puede escuchar aquí.

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Es un día cualquiera para cualquier mortal, pero para Mikael Blomkvist se trata de un capítulo más de una intriga de aventura y misterio que usted, probablemente, está devorando página tras página. Seguramente, se alegre de sus éxitos y experimente rabia con las injusticias que se ciernen sobre él y su amiga Lisbeth Salander. En resumen, podríamos decir que ha simpatizado con estos personajes porque lo que les ocurre y lo que piensan, de alguna forma, coincide con su sentido ético. O al menos, no desentona en exceso… Son héroes al uso, con un concepto claro del bien y del mal que le resultan aceptables y no le incomodan.

Pero debo recordarle, no obstante, que los personajes de una novela no son más que conjuntos ordenados de palabras, a pesar de que tienen la extraña capacidad de hacernos sentir cosas. Y muchas veces juzgará erróneamente su calidad en la medida en que estos personajes le caen bien. Esto tiene nombre: se llama ‘moralidad simpatizante’, y se refiere a cuando encontramos arquetipos que más o menos responden a nuestra manera de ver el mundo. Usted lo notará en que se sentirá cómodo leyendo, en que podrá leer capítulo tras capítulo sin tener que preguntarse nada más que por los giros de la trama que le tiene atrapado.

Esos conjuntos de palabras, estos personajes, no le van a incomodar, porque en todo momento podrá comprender la motivación de sus actos. Son lógicos, son normales, aunque lo que les ocurra sea excepcional. No cabe esperar una rareza que a usted le descoloque. Pero eso, amigo mío, es precisamente lo que se está perdiendo… La extrañeza.

Atrévase a apostar por los inadaptados. Por un Ignatius J. Reilly, en LA CONJURA DE LOS NECIOS, que sueña con una vida medieval en pleno siglo XX. Por un adolescente Holden Cauldfield, en EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO, y experimente su enfado con un mundo que hasta ayer usted pensaba que era normal. Por una antihigiénica Helen Memel, en ZONAS HÚMEDAS, donde quedarán abatidos todos sus prejuicios sobre el sexo y la limpieza corporal.

Trate de averiguar por usted mismo qué es lo que motiva todas estas conductas, sin que nadie se las explique. Usted es perfectamente capaz de percibir y juzgar por sí mismo. Y tal vez se encuentre, para su sorpresa, empatizando con todos estos personajes. Cuanto más se aleje de su propio punto de vista, más se enriquecerá su persona, porque esta lectura no es sino un ejercicio de exploración de los infinitos modelos de seres humanos con los que usted se puede topar a lo largo de su vida.

Así, tal vez, se encuentre en mejor disposición de afrontar situaciones y personas desde un punto de vista más abierto.

Y si, finalmente, opta por no seguir estas humildes sugerencias, continúe por favor… Continúe leyendo. Porque el acto de leer, en sí mismo, es bueno y, al fin y al cabo, también le aportará buenos momentos.

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