lecturas

el jersey rojo – joaquín pérez azaústre

jersey rojo

La realidad no es lo que tocas, lo que miras, lo que hueles o escuchas… Es algo que está más allá de los sentidos, y aquello que experimentas es una construcción realizada por el cerebro a través de esos sentidos, y sus ineludibles limitaciones. Toda pretensión de objetividad naufraga en el mar de las sensaciones, por más que pretendamos darle a cada día un hilo argumental que dote de razón de ser a lo que se va viviendo. Sólo hay interpretaciones, y ni siquiera se puede decir que las haya acertadas o erróneas. El mundo es el mundo, está ahí, y tú estás franqueado por la barrera de tu propia piel.

Así las cosas, la mirada particular asume una importancia primordial, porque es la llave de la interpretación de ese mundo ajeno. Y cada persona posee una. No obstante, hay muy pocas que puedan trasladar a los demás lo que ven, y más aún, lo que sienten cuando están mirando. Si, ya, además, logran hacer compartir al otro ese mar interior, sin duda estamos ante un extraño acontecimiento: la ruptura del aislamiento.

Uno puede ver el mundo a través de los ojos de Joaquín, y sigue sin ser propiamente el mundo, sino una versión donde las noticias y los pequeños sucesos cobran textura. Son las “noticias que duermen en la vida”, esperando a que una voz venga y las despierte, y las muestre a los demás con la emoción de haber encontrado algún tipo de verdad universal que merece difusión urgente. Esta es la mirada sobre los objetos que “crecen sin nosotros”, y que de este modo cobran una voluntad sobre el que lee y escucha, merced de su representación en el poema.

Así, posiblemente, las preguntas sobre lo que es o no es, o sobre lo que uno no entiende, “duelan menos o no acechen”, aunque siguen estando presentes como leña que alimenta el fuego de cada texto. Escribir para responder, o para renunciar meditadamente a tener una respuesta… poco importa. Porque al lector, ese egoísta silencioso, no le preocupa si el poeta sufre o se libera, sino aquellos pasajes a los que puede aferrarse y hacer suyos… Es trágico, pero aún así el poeta no renuncia a su trabajo, a la obligación que ha contraído con sus manos y sus ojos. Por eso, dice que “El pecado consiste no en mirar, sino en no transitar lo que se mira”. Y ahí está la clave de la honestidad de su propuesta poética.

NOTA: los fragmentos entre comillas pertenecen a El jersey rojo (Visor, 2006).

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