viajes

bucarest I: impresiones de la llegada

Al entrar en Rumanía, la funcionaria que revisa los pasaportes casi me escupe. El aeropuerto de Otopeni es feo, más bien gris… Deprimente. Los taxistas van a la caza del turista y son muy persistentes. Cogemos un bus al centro y nos pasamos de parada sin darnos cuenta, pero nos orientamos bien y seguimos en metro. Así nos conocemos, nada más llegar, los transportes públicos de la ciudad y el ritmo al que se mueven sus habitantes… En este sentido, Bucarest se parece a cualquier ciudad que conozca, la gente va y viene, con sus cosas en la cabeza y sus rutinas. No obstante, no se nos escapa de la vista una sensación general: todo es como muy oscuro en esta ciudad, que aún conserva cierto tizne a ciudad del Bloque Comunista, con muchos edificios de hormigón sucios. Contrasta con las construcciones más antiguas, como de un pasada casi olvidado… ahora cubierto con enormes vallas publicitarias de compañías telefónicas internacionales.

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