miserias humanas, moderneces y mass media

lo que cuesta, lo que vale, lo que usas y un breve pespunte de miedo

Me gusta mucho el procesador de texto Bean porque se inicia muy rápido
y es compatible con prácticamente todo tipo de documento.

Andaba ayer buscando aplicaciones para el iMac nuevo, y dejándolo poco menos que como una feria de abril por dentro, cuando caí en la cuenta de la cantidad de procesadores de texto gratuitos que hay por ahí… muchos de ellos 100% compatibles con Mac OS y algunos hasta exclusivos para éste.

Los procesadores de texto son esa parte de los paquetes de ofimática que sirve pa escribí. Lo que de toda la vida ha sido el Word de Microsoft para nosotros, hasta el punto de que la propia palabra “Word” ha arraigado en el acervo popular para designar a este tipo de aplicaciones (como pasó en su día con la marca Walkman, originaria de los cassettes portátiles Sony).

OpenOffice, Bean, NeoOffice, AbiWord… Son o contienen “words” muy correctitos en los que no se echa de menos nada de lo esencial… Y eso sin mencionar a los procesadores que no necesitan descarga porque se pueden utilizar online, accediendo a los documentos de trabajo desde cualquier punto del mundo (con conexión a Internet, claro está), como Google Docs. Tal es la explosión de las suites de escritorio gratuitas (o muy baratas), que hasta gigantes de toda la vida como IBM explora en estos momentos las posibilidades en este terreno con Lotus Simphony, por ahora en pruebas para Windows y Linux. Otra patada más en la boca del estómago del antiguo monopolio global que, si bien ha sacado cosas de pago bastante pintonas últimamente, no puede competir con la gratuidad de productos que, si bien menos aparentes, ofrecen todas las herramientas y mecanismos para elaborar y compartir documentos de manera más que aceptable, porque la mayoría lee, interpreta y graba en un amplio abanico de formatos, empezando por los más usuales.

Qué le vamos a hacer: si me no cuesta nada, vale para lo que hago y lo puedo usar porque es sencillo… Incluso las plantillas para diseño de documentos, que podrían ser el reclamo de programas de pago, no son problema porque existen cantidad de foros donde la gente las intercambia desinteresadamente, con lo que se va por el retrete el último elemento diferencial de la suite tradicional.

Es curioso, hoy la multiplicidad de formatos no es un problema sino una ventaja: puedes trabajar en cualquier soporte y estar seguro de que vas a poder compartir tu información con quien quieras, trabaje con lo que trabaje… No deja de ser paradójico que, cuando uno mira al mundo “exterior”, en muchas más ocasiones de las deseadas se encuentre con la tendencia inversa. ¿Llegará un momento en el que la información susceptible de ser almacenada y transmitida mediante soportes informáticos sea lo único que compartamos?

Hmmm, ¿no os pasa a muchos que de un par de años a esta parte “veis” más a la gente en el Messenger que en persona?

(Lo siento, estoy premenstrual y se me despierta la vena apocalíptica de qué manera.)

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