miserias humanas

estimados clientes

Ayer me percaté de un pequeño detalle de los anuncios en los paneles informativos de Metro de Madrid que avisaban sobre nuevas obras y suspensiones de servicio, que me dejó un poco trastornada: ya no se dirigía al público lector como “viajeros”, ni siquiera como “usuarios”, sino que por primera vez observé que se nos llamaba “clientes”. “Los clientes de Metro tendrán a su disposición autobuses con el mismo recorrido sin coste adicional”. Así de primeras me acordé de la psicoterapia humanista que, al rechazar el concepto de enfermedad mental, había dejado de nombrar al “paciente” como tal para referirse a él como “cliente”, en este caso sinónimo de “sano”, en contraposición a “enfermo”. El cliente es el que no está enfermo. Me dediqué media sonrisa irónica y aferré mi iPod Touch (mi tercer iPod, que suena a tercer marido o algo así) preguntándome hasta qué punto hoy no es todo lo contrario, escuchando a lo lejos una vocecita tímida diciéndome que igual no está bien que desde un servicio público se me llame cliente. Pagar como cliente, viajar como cliente, reclamar como cliente… me da que degrada un poco mi estatus de ciudadano a consumidor que, ojo, no es lo mismo puesto que el segundo es (o al menos debería de ser) una faceta del primero y no un equivalente al mismo, por las pérdidas tanto simbólicas como materiales que ello entraña…

Y así divagué un rato al ritmo del traqueteo mientras volvía a casa, con el volumen del iPod bien alto para protegerme del reguetón que un par de individuos compartían generosamente con el resto del vagón gracias a sus teléfonos móviles de última generación y potentes politonos en estéreo dolby surround. Entonces derivó mi discurso interior hacia la esfera del individuo (extrapolable a la esfera de lo social) y el dilema moral que supone la lucha entre blindarse, exigiendo respeto a la mónada que uno a veces pretende ser, o compartirse, que implica ser permeable al otro, recibiendo igual que se da. ¿Quedarme en mi remanso o trabar lazos con el mundo? Y caí en la cuenta del deterioro del término “comunidad”, que así dicho de primeras te trae a la mente el Facebook, lo cual dice muy poco en favor de nuestro concepto de comunidad…

Entonces los dos hilos que venia devanando convergieron y tuve mi momento de iluminación: mientras el usuario comparte un servicio, y el viajero viaja con otras gentes y/o hacia otras gentes, el cliente está solo. Compra solo: decide solo y paga solo. Evalúa solo, reclama solo. Y aunque las frases e imágenes que le lanzamos desde la publicidad le acompañan en el camino, en definitiva, está solo con su divinizada “experiencia individual”.

Y eso es lo que me asusta.

Anuncios
Estándar

8 thoughts on “estimados clientes

  1. – Pronto no serán ni “usuarios”, ni “viajeros”, ni “clientes”. Nos despacharán con un “¡Eh, tú”.

    No hay esperanza ni en el comunitarismo si en el individualismo obsceno que se nos ofrece. Éste porque desarraiga; áquel porque nos perdemos en el grupo, nos aclopamos a la camaradería.

    ¿Qué hacer, coño?

  2. el sentido común para ir capeando cada situación como bien se pueda. eso es lo que nos queda, porque ya apenas se pueden plantear estrategias medianamente perdurables como para que nos conduzcan a algún sitio… ¿o tal vez sí?

  3. ¿Comunitarismo o individualismo? ¡Madre mía! Cómo le decía ayer a un amigo a cuenta de una tontería bastante considerable: nos estamos moviendo ya en un terreno en el que tenemos que elegir entre Britney y la Aguilera; entre Bisbal y Bustamante. Me quedo, sin lugar a dudas, con la eterna pregunta que ha formulado Acamus: ¿qué hacer, coño?
    Y en cuanto al sentido común… no sé dónde se nos quedó. Además de para capear lo de fuera, creo que es indispensable para organizar lo que lo externo descoloca dentro. Yo no puedo evitar seguir manteniendo mi pequeña muralla. Y sin pretender ser la mónada de Leibniz, que no necesitaba de puertas ni ventanas porque todo lo regía la armonía preestablecida, necesito llegar a casa, esconderme y pensar si estoy donde quiero estar y como quiero estar, y planificar el próximo movimiento, eligiendo el disfraz de turno, que puede ser el de cliente, usuario, consumidor o, simplemente, ¡eh, tú!; y preguntándome cuánto me aleja lo próximo de aquello que soñaba y pensaba en aquel tiempo en que ciertos valores y actitudes me parecían los incuestionables por justos. Trato entonces de prever cuántos segundos me costará reconocerme la próxima vez que me mire al espejo.
    Besos, y disfruta de tu i-pod.

  4. Curioso cómo el uso de las palabras va demostrando por dónde se mueve nuestra realidad “social”.

    Hace años en mi ciudad me dí cuenta que los antiguos carteles setenteros de los autobuses en los que se “prohibía” hablar con el conductor daban paso a un más “sociable”: “por favor, no moleste al conductor”.

    Sin embargo hace poco constaté que en los autobuses de Madrid se volvía a “prohibir”. ¿Hacia dónde volveremos?

  5. Alberto Rizzo dice:

    Sobre algunos convencionalismos y aperturismos, oportunidades de mercado e “imagen empresarial” divagaba mi mente el otro día que me ordenó el jefe que me acordara de enviar los comprobantes de compra de las facturas despidiéndome con un escueto “Un saludo” en vez de un “Atentamente” o un afectuoso “Cordiales Saludos” porque con el primero demostrábamos mayor cercanía y proximidad y, bueno, demás lindezas que no me convencieron para nada.

    Digamos que mientras le decía a todo que sí, mi mente, como digo, recordaba una noticia en un periódico donde en atención a la comunidad de “moteros” iban a colocar protecciones en una autopista o carretera. Era el primer periódico de mi región, por lo que me quedé pasmado… debía de ser un error, me decía por dentro, ahora que podía poner el “automático” en el trabajo mientras hacía subir la autoestima de mi jefe… ¿Moteros? Si por lo menos hubieran dicho “Fitipaldis” (está claro que la inmensa mayoría de los motociclistas no salen de las grandes ciudades), pero no, dijo lo otro en un titular de centímetro y medio (quizás por economía de palabras) y me hicieron sentir bastante mal, como el falso paternalismo de mi jefe y, es que, señores, da miedo aquel que se cree en poder de la verdad absoluta, je, je…

    Cordiales saludos,

  6. un beso grande pa ti también, estel, ¡y no dejes de avisar cuando vengas que la última vez apenas pudimos hablar!

    alberto, si tienes jefe, tienes curro. si tienes curro, te van las cosas bien. o al menos eso quiero pensar. un besote para ti también.

    ¡estatua! tenemos tú y yo una conversación pendiente… en la que tengo que llamar yo, que ya me vale. me da como alergia el teléfono… para todo. qué cosas, qué cosas… mientras tanto, un achuchón enorme.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s