artes varias, lecturas, miserias humanas

lo normal

Lo normal no existe. No hay una realidad unívoca y universal con la que nos podamos vestir e interpretar los significados de cada cosa. Lo normal somos nosotros, porque lo que quiera que estimemos como ‘normal’ está en nuestras cabezas, y no es otra cosa que un estado de la mente que puede desmantelarse en cualquier momento. Cuestión diferente es hasta qué punto cada cual se puede o se quiere aferrar a sus puntos cardinales; porque da demasiado miedo pensar que el mundo no es como lo pensamos.

J. G. Ballard ha sabido detectar esta tendencia humana, analizarla y explotarla a través de su obra, dando lugar a algunas de las “pesadillas de lo posible” más pavorosas y seductoras que se han creado. Historias que trascienden el presuntamente reducido marco de lo que se viene a llamar “ciencia ficción” y que se alojan en el único universal posible: el miedo. Porque todos tenemos miedos. Y cuando analizamos todos y cada uno de estos miedos, llegamos a la conclusión de que en su raíz estamos nosotros mismos.

El miedo a uno mismo y al semejante. Porque, insistiendo en la misma idea con la que comenzaba este post, es en nosotros donde nace la realidad y es en nosotros donde se rompen las condiciones de habitabilidad del mundo que nos rodea. Y Ballard nos ha hecho ver, dentro de todas las posibles rupturas, la peor de todas: la degeneración paulatina, mostrada magistralmente a través de la evolución psicológica de sus escenarios y de sus personajes, tanto individuales (Crash) como colectivos (Rascacielos), bañándonos de desconcierto en piscinas vacías (Hola América), tiñéndonos de líquenes en planes de vuelo imposibles (Compañía de sueños ilimitada), llenándonos los bolsillos de drogas inútiles y sexo desviado (SuperCannes), haciéndonos huir por carreteras híper transitadas de donde nadie nos recoge (La isla de cemento)

Si otros autores han sabido sacarle partido al vacío, la soledad, el silencio… la poética de Ballard se nutre de masificación, de tráfico en hora punta, de cercanía a elementos y personas que resultan no ser como habíamos creído. Porque no somos, ninguno, y en definitiva, como los demás creen que somos. Ni siquiera como nosotros creemos que somos. Dicho así suena a topicazo, pero se necesita una mirada distinta, privilegiada (o desviada, o pervertida) para apreciarlo con determinado punto macabro.

Es el retrato gótico del “cada día”, donde se han hecho románticos los coches accidentados y las gafas de sol rotas, los carros de la compra oxidados y todas las máquinas de volar que el hombre ha inventado y está aún por inventar.

Ballard nos ha dado todo esto: nos ha dado a nosotros mismos. Y ahora espera a que se le termine de comer el cáncer, quizá triste por no poder escribir más cuentos… O quizá tranquilo por abandonar este parque de infecciones y reunirse con Mary y su bondad de mujer, para sobrevolarnos por siempre a los mandos de un Cessna que ya jamás se estrellará en ninguna parte.

[Youtube=http://youtube.com/watch?v=91vUJwfG0SE]

Goo Goo Dolls – We are the normal

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6 thoughts on “lo normal

  1. Me pregunto si la amistad es un estado mental. ¿Todos estamos en lo cierto y es el mundo quien se equivoca?, ¿nuestra verdad se cimenta sobre el miedo?. Tal vez no haya una realidad única y si la hay dependerá de quien la juzgue.

    Me ha gustado lo que has escrito. Seguiré dándole vueltas

    Un saludo

    Víctor

  2. LA ÉTICA DE GOOGLE

    Pienso que ha llegado la hora de crear un organismo jurídico internacional que tome las acciones pertinentes ante esa aplanadora que se ha convertido la web contra la propiedad intelectual. No es un despropósito sugerir que el mismo esté adscrito a la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la educación y la Cultura (UNESCO), pues se trata de salvaguardar el talento artístico de la humanidad. Escritores, poetas, ensayistas, compositores, investigadores, creativos, etc. Hemos terminado trabajando para un pulpo como Google en cuyos estatutos dice ceñirse a las leyes de LOS EE.UU. de América pero que a la postre no respeta ni la ley de la selva. Google tiene más trucos que un casino, no tiene la menor percepción de la ética, llega al extremo de pedirle dinero por medio de Word de Google a los poetas y escritores que hacen blogs. con el engaño que mientras más promoción tenga en la web más clisc les hacen. Google manosea los nombres de las personas más respetables del mundo. Facilmente muestran los nombres de Lope de Vega, Quevedo, Cervantes, Neruda, por citar algunos, y cuando los cibernautas hacen clic se encuentran con una publicidad de moteles, productos eróticos o comidas para perros. Hasta cuándo vamos a soportar tantos abusos.

    SALOMÓN BORRASCA

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