miserias humanas

corporativos o resistentes

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El paso del tiempo es una condenada arma de doble filo, sobre todo cuando en su transcurso las situaciones desagradables no se extinguen, sino que permanecen hasta que uno las acaba incorporando a su normalidad cotidiana. Sin ánimo de frivolizar sobre el fenómeno de los maltratos a los débiles (mujeres o whatever), debe ser parecido a cuando uno se acostumbra a que le traten mal y lo ha vivido tanto que ya le parece natural… Hasta que un día acaba en el hospital o algo aún peor. Entiéndase la metáfora en la escala apropiada, por favor.

Lo primero de todo es que uno tiene que ser honesto consigo mismo y no perder de vista la medida de las cosas. Hasta ahí he llegado con suficiente éxito como para que mis sensaciones no remitieran ni cambiaran en dos años, con las batallas interiores que eso me ha costado. Y ahora que me voy, en mi segundo intento en un mes, después de un supuesto gesto noble por parte de la empresa (en el que por cierto ella no salía en absoluto perjudicada, ironías, no lo vendamos como sacrificio si ha sido lo comido por lo servido), los comentarios relativos a mi desagradecimiento por parte de los compañeros más allegados me sorprenden, me inquietan y me hieren. Bastante.

Sé que es mala suerte que la gran oferta llegara ahora, precisamente, pero era delito punible no aceptarla. No soy capaz de agachar la cabeza y aguantar, adaptarme. No me adapto. No soy una persona corporativa. No entiendo de pagos morales. No respondo a chantajes emocionales. No detengo mi camino si no quiero detenerlo. No sé engañarme. No sé contarme cosas que me hagan sentirme mejor para estar a gusto en un sitio en el que no lo estoy. Es como el que sale de la caverna de Platón para verlo todo como en realidad es, y ya no vuelve a ser feliz nunca, o cuando en Matrix te dan a elegir pastilla roja o azul y por tu elección te toca la vida perra de estar peleándote con cienes de Señores Smith que no se acaban nunca.

A la gente, por lo general, le aterra tener que tomar decisiones, le da un miedo horroroso ser libres porque la libertad entraña la angustia de determinar cada paso que uno da y la incertidumbre por el destino final. Con lo fácil que es amoldarse, si total, el cuerpo al final se hace a todo (gracias a Dios, no todos los cuerpos son iguales, y los distintos resultan ser los más bellos). Y claro, como “en todos sitios cuecen habas” ya tenemos excusa para aguantarnos si a nosotros nos escaldan. Así, seguro que vamos a llegar muy lejos, como Humanidad, digo.

Qué le voy a hacer, soy resistente. Soy yo misma. Soy así de egoísta, así de consecuente con mis principios. Tanto que resulto decepcionante para quien se forma expectativas. Ah, mi talento innato para la impopularidad…

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4 thoughts on “corporativos o resistentes

  1. Como muy bien me dijo mi amigo Candi: “no se puede quedar bien con todo el mundo”. Yo creo que esto, tan sencillito, entraña un verdad muy grande. Es imposible contentar las expectativas de todos los que nos rodean, y eso hay que aceptarlo. Y para contentar expectativas, mejor contentar las de uno mismo. No creo que sea egoísmo (en el mal sentido de la palabra) sino honestidad. Mucha suerte en tu nuevo puesto de trabajo y mucho ánimo. Has hecho lo que tenías que hacer, es decir, lo que tú elegiste hacer.

  2. Un aplauso para los que fueron valientes, les mandaron a tomar por culo y además, al salir por la puerta se llevaron su dignidad y su capacidad de ser felices intacta 😉

    Un abrazo

  3. por supuesto, cada cual elige vivir su vida como desea y se merece todo el respeto del mundo, siempre que tome las decisiones valiente y conscientemente y luego sea consecuente con ellas. y sobre todo no fuerce a los demás a vivir según su visión de las cosas.

    en el fondo ser corporativo no es malo en tanto que puede ser un poco apoyo de la personalidad, al fin y al cabo cada cual necesita un sistema de creencias y algo en torno a lo que articular su existencia; unos lo hacen con la religión, otros con la patria… y otros consigo mismos. son distintas posturas, todas válidas, porque todos tenemos el derecho vital a ser felices y encontrar nuestra felicidad donde nos venga en gana siempre que no hagamos daño a nadie (ni a nosotros mismos).

    el trabajo es, según freud, uno de los grandes vertebradores de la biografía humana junto con la familia. de ahí que la gente se sienta tan feliz creyendo en el proyecto de su empresa e incorporándolo a su proyecto vital. en mi opinión no deja de tener un sesgo triste que a uno no le baste consigo mismo para asentar su identidad (entendido este sí mismo como el poso de todo lo externo, cribado por el propio sentido crítico) y recurra a factores externos para formarse la mejor idea posible de sí mismo… claro, que este no es siempre el caso… si el trabajo es más un camino de realización que un refugio, más un lugar de esparcimiento de la personalidad que un escudo, más un lugar donde uno disfruta de lo que se le da bien hacer que un lugar donde aguantar hora tras hora, día tras día, la mayor parte del tiempo de tu vida… entonces no me sentiría mal por ser corporativa, pero corporativa de mi oficio (tal y como lo soy, y talibán, además), no de mi empresa concreta.

    gracias ali y estatua.

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