miserias humanas

¿felpa o franela?

Co2005_09_teletubbie.jpgn el frío, una inmensa mayoría tenemos la costumbre de regresar al hogar después del trasiego diario y colocarnos esa especie de piel de teletubbie, a saber, el pijama, uniforme oficial de andar por casa. Tejidos blanditos y esponjosos que, acompañados de calefacción y mantita, convierten al hogar en una experiencia única: la del invierno calentito.

Una vez nos ponemos el pijama, el mundo exterior queda relegado a un borroso segundo plano y cualquier actividad que necesite ser desarrollada fuera de las fronteras del piso o casa es postergada irremediablemente hasta otro día. Una pena no haber pensado antes en comprar pan, pillar tabaco o echar esa carta, pero ya no tiene solución. ¿Por qué? Porque nos hemos puesto el pijama.

Para nosotros esta prenda, denominada por muchos también ‘esquijama’, marca una diferenciación clara entre el espacio público y la esfera privada. En el reino del pijama tenemos control sobre todas las cosas: son nuestros dominios, único rincón de la Tierra donde podemos lucir con sosegado orgullo las zapatillas acolchadas de Chip y Chop. Por el contrario, el exterior es el espacio del zapato duro y la imagen proyectada, donde la inclemencia de los elementos nos condena a imitar la naturaleza de la cebolla.

Cuántas veces no hemos sentido la tentación, de tan segunda piel que parece, de llevarnos el pijama con nosotros al mundo de ahí fuera. Y cuántos no son los que en un arrebato de nostalgia del edredón se lo han dejado consigo, íntimamente escondido, puesto bajo la ropa… Si bien, con todo seguro que a la gran mayoría tal situación nos resulta algo extremo e, incluso, inapropiado.

Sin embargo, hay un rincón en este planeta locuelo nuestro en el que el pijama es vestido de diario: Shangai, donde la antigua vestimenta china con sus sedas y bordados ha degenerado en animalitos, cuadros y colores imposibles (hay que ver de qué formas mas extrañas puede evolucionar uno hacia la modernidad). Los sociólogos y antropólogos chinos no salen de su estupor: “Una investigación reciente sobre la vestimenta que ya no estaba de moda pero seguía llevándose mostró que un 16% de los encuestados indicaban que ellos o miembros de su familia 061112153204w2l02mau0_una-mujer-pasea-en-pijama-por-shanghai-b.jpgllevaban a menudo el pijama en público, y un 25% lo hacía de vez en cuando” (AFP).

Pero, es más, la sociedad china está dividida entre quienes lo ven perfectamente acorde con los nuevos tiempos y quienes opinan que se trata de algo tan despreciable como los excrementos de los perros en las aceras. Ante la naturalidad de personas como la de la foto, intelectuales de pro como el sociólogo Hu Shoujun, de la Universidad de Fudan, afirma con la solemnidad que sólo es patrimonio de las mentes preclaras: “Los que llevan pijamas (en la calle) se desprecian a sí mismos, porque demuestran su poco gusto y sus débiles cualidades personales” (AFP).

Ahí queda eso. Vosotros ahora podéis juzgar y tomar partido por cualquiera de las partes para disfrutar con tan encarnizado debate. Eso sí, a ser posible desde casa y con el pijama puesto.

 

pijama.jpg

fffff-elpa, ffffff-ra-nnn-ela, sonidos que por sí mismos producen placer.

Anuncios
Estándar

4 thoughts on “¿felpa o franela?

  1. Pues como siga enclaustrada en mi casa un día más sin quitarme el pseudopijama, voy a pertenecer al 25%. Ayer vinieron los pintores de la fachada comunitaria a pedirme autorización para rasurar mi fachada y me hicieron salir en ropa de casa y zapatillas para decidir si me cargaba la enredadera que cubre mi casa y la hace de cuento de Hansel y Gretel. Y entre la vergüenza de verme con mi hábito íntimo en el jardín general, dije que sí. Hoy me he levantado, había demasiada luz en el baño, he abierto la ventana y ella no estaba. ¿Cuánto tardará en crecer mi enredadera? Nunca más tomaré una decisión en pseudopijama.

  2. ¿De dónde has sacado ese perrillo tan simpático, por dios? Tu sublime post no sólo ha hecho que me partiera el ojete sino que ha traído a mi memoria una charla de la tita Presen sobre el buen vestir en el pueblo y la inefable contribución de las sisters a tal costumbre: ellas acabaron con la moda de la bata y el pijama, que quedaron desterrados de pret a porter tomatero (o al menos, de las visitas al feudo HVD). Rite, rite.

  3. Yo no uso pijama. Uso para andar por casa pantalones de algodón o chandal que se me han quedado viejos y gastados, y camisas de uniformes viejos del trabajo o camisetas que se han quedado bracicortas. Por tanto, puedo salir a la calle sin que piensen que estoy loca. Como mucho, pensarán que estoy en la indigencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s