miserias humanas

el visitante del zoológico

Se bebían unos campanos de cerveza increíbles, pero unos vasos grandes de más de medio litro. ¡Más de medio litro de cerveza! Madre santa, no sé cómo puede beber tanto esa gente. Los taxis eran como de Al Capone, tan grandísimos que cabíamos siete dentro. Los bares, por dentro todo todo todo de madera que si aquí fueran así no entraríamos, y allí se iban todos, porque no allí no es como aquí que tenemos más cosas para hacer; allí acaba el día y se van al bar.

 

Una señora en el 17 (Aluche-Plaza Mayor) la otra tarde,
describiendo a un conocido su viaje a Inglaterra
para ver a su hijo que está de Erasmus

 

Uno puede viajar mucho, entrar en otros ambientes, otros mundos, y que sin embargo nada de cuanto vea entre en él: síndrome del zoológico. Uno se va de viaje como quien mira la jaula de los leones, desde la barrera y con todos sus pre-juicios, aplicando a cuanto ve su propio sistema de categorías inamovibles. Ay qué peligrosos son los ‘universales’.

Lo mismo que ocurre con los lugares (espacio) ocurre con los años (tiempo). A veces acusamos severas faltas de asimilación, no ya de episodios puntuales extremos, sino del mero transcurso de los años. Me doy cuenta cuando me parece que fue ayer cualquier cosa que sucedió hace diez años, o me preguntan por mi edad y tengo que pararme a pensar porque no me acuerdo de cuántos cumplí la última vez. O más preocupante aún: cuando me lo pregunto a mí misma y pase lo que pase sigo pensando en un mismo número: 17. Jo. Qué ilusa, y cada vez más.

Con esto, que nadie piense que tengo temor al paso del tiempo, ni que me siento apesadumbrada ni pesimista al respecto. Nada más lejos de la realidad. Lo único preocupante es lo que he mencionado antes: la falta de asimilación. Quiero alcanzar conciencia plena de todo lo que me pasa en cada momento, no creo que haya otra forma de llegar a sentirse bien con lo que uno es.

Pero sucede que miro a mi alrededor, y me pasa que veo casos de personas que permanecen encerradas, asidas a acontecimientos de los que ya prácticamente no queda nada tangible. Y qué horror, ¿cuál es la diferencia entre una fantasía y un acontecimiento pasado del que no queda prueba palpable? Ambos están en la mente, bailando al son de la nostalgia con distinta intensidad dependiendo del nivel de obsesión que pueda alcanzar cada cual. Esta idea me ha atormentado toda mi vida. Sólo cuentas, si acaso, con el asentimiento de los demás ante la pregunta de ‘¿te acuerdas?’, pero toda seguridad puede desvanecerse en cuanto alguien lo niegue. Hmmm… Un camino hacia la locura.

Es más, probablemente en estas circunstancias, en ese avanzar sin asimilar, es donde nace el miedo al paso del tiempo, ante lo que el sujeto reacciona con la negación y, llegado el caso, con la ira cuando alguien le hace notar que ha embarrancado.

En todo caso es una situación difícil. Pero cuando alguien se encierra dentro de sí y no hay manera de sacarlo, hay que dejar de preocuparse por ese alguien en la medida en que lo ha elegido voluntariamente.wallpaper_ackles1024×768.jpg

Porque el presente está ahí, está ahí siempre mientras sigas vivo y negarlo es un esfuerzo tan inútil… Como rezaba aquel claim impagable de Expediente X: ‘la verdad está ahí fuera’. (Maticemos no obstante esa ‘verdad’.) Y, desde luego, la vida no es un zoológico.

Y como va ya mucho texto sin imágenes, os casco sin venir a cuento una foto de uno de los protas de Sobrenatural, que es bastante mono.

 

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4 thoughts on “el visitante del zoológico

  1. Muy mono el chico, sí señora. Entiendo tan bien lo que estás escribiendo… y no por experiencias ajenas de “síndrome de zoológico” sino también por la mía propia. A veces no te das cuenta de que el mundo está ahí, en su presente, y que ese es tu presente, la vía para tu lugar. Y ahora comentario tonto y de maestra de escuela: ¡qué bien escribes, Aurins!

  2. me produce un shock inquietante leer mis pensamientos puntuales escritos por otra persona… porque estoy recien vuelta de un viaje en el que además se dio la anécdota de que una chica me preguntó mi edad y dije sin pensarlo 18, y luego, bueno, no, 20, y luego tuve que echar la cuenta rápidamente y ya colorada de la vergüenza para caer en que tengo el calendario un año desfasado.
    Múltiples síndromes se acumulan en la cotidianidad apelotonada que llevamos los de esta generación: confusión de tiempos, manía aclaratoria, lentitud acelerada o viceversa, yo qué sé.
    Y por cierto qué genialísima la descripción de la señora del autobús!

  3. Cuando he comenzado a leerte he recordado una peli, ‘lost in traslation’ creo que se llamaba… porque he recordado a su protagonista mirando un Japón con ojos ajenos y también a Hurt en el turista accidental.

    Ayer mis padres me dieron la noticia de que pronto se irán a Inglaterra. Nunca han viajado y van a ver a un tío que vive en Liverpool, se supone..

    Tengo ganas de que vengan y me cuenten. Y prometo grabarlo para alucinar un poco.

    Besos

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