miserias humanas

terapia y desmembración

Querida Miariángeles:

Me gustaría mucho que estuvieras aquí, pero te has perdido ya tantas cosas que, sinceramente, creo que no encajarías en ninguna parte, tú que en su día fuiste el centro, el principio y el final. Aún así, me gustaría abrirte una ventanita, un agujerillo por el que pudieras asomarte para vernos como somos hoy. Quizá así te sobrevendría el arrepentimiento por abandonarnos de aquella forma tan de puerta de atrás, y no tendriamos que cruzarnos de acera ni tú ni nosotros cuando nos encontráramos en cualquiera de esas calles de Cáceres que tanto te gustan.

Todavía seguimos sin explicarnos demasiado bien tu repentina ausencia; sólo tenemos un complejo nudo de razones absurdas plausibles que unimos con el débil hilo de la conjetura. Durante todo este tiempo, aunque bien es cierto que cada vez con menos frecuencia, Julio ha asegurado que volverías algún día, sin saber ciertamente qué sitio te correspondería.

No nos han tratado excesivamente mal los años. Julio ya ha completado una década de publicaciones propias que ha culminado con una antología imprescindible presentada a lo grande en el soberbio marco del Ateneo de Madrid, con lleno total y aplausos constantes. Aparte de su vida literaria, en lo personal sigue siendo igual de artístico, y ahora comparte su vida y su casa (esa casa que sigue presidida por un cuadro de Jesús, aunque ahora haya otros muchos cuadros acompañándolo) con una persona sinónima del encanto y del buen sentido del humor. Además, ha sido tío, con lo que es como si lo hubiéramos sido todos. A todo esto le han acompañado cientos de personas y vivencias que no podríamos describirte en justicia ni dedicándole 100 años a hablarte sin parar.

Juan Antonio se ha confirmado como el corredor de fondo eficaz y constante que probablemente él nunca pensó que podría ser. ¡Ay lo que te has perdido! Trasplantado en Córdoba, en injerto de entre semana, estudia el Superior de piano mientras se desenvuelve por esas carreteras de dios junto a la formidable Raquel Palma, en un fenómeno vital que ya nunca podrás comprender. Y todo esto sin hablar del disco publicado este año y promocionado por los amigos con todas nuestras fuerzas: Acedo. Juan Antonio y su inseparable Alberto, siempre tan genial y entrañable. Juan Antonio, que al final no era el monstruo que me contabas aquella tarde en tu casa. Juan Antonio, que salió el otro día en la tele cantando en el homenaje a Hilario Camacho, como el integrante de su banda que iba a ser -un acuerdo frustrado de golpe por la muerte-. Cuando apareció en la pantalla nos quedamos todos en el salón de Julio muy callados, como con miedo de ofender a la canción, y nos sentimos muy muy muy orgullosos de él, por ver cómo poco a poco ha alcanzado cosas en su periplo hacia lo que le queda todavía por vivir.

Fue ahí, delante de la tele, con la copa en la mano, cuando pensamos en ti y en dónde estarías, y en que quizá como siempre te gustaron tanto los cantautores podría darse la casualidad de que hubieras visto el concierto y pensaras en nosotros.

Y de mí, qué te voy a contar, por dónde empiezo… No sé si por la carrera de Periodismo ya acabada y sus cinco infinitos años, si por Toño y todo lo que me da cada día, si por mi abandono de la radio y mi trabajo en publicidad, si por mis poemas en antologías…

Y en cuanto a todos (o casi todos) los demás a los que conociste en este escenario, sólo decirte que ahí siguen, y que han devanado tantos episodios de su existencia que, aunque pudieras decir que te parecen los mismos y que funcionan igual por dentro, ya no los conocerías. No los re-conocerías, y no te preocupes, quedas eximida de tener que ponerte al día. Quedas eximida de tener que volver, porque ya no sabríamos dónde ponerte.

Porque si vuelves poco más cabrá que un café a media tarde, una de esas citas de viejos conocidos en las que se habla mucho pero no se comparte nada. Y algo así sería tan triste después de todo lo que atesoramos, que mejor es que sigas ahí donde estés, en esa muerte pequeña de desconocimiento y presunto olvido.

En el fondo de nuestros corazones, donde todavía siguen latiendo algunas preguntas, te deseamos lo mejor, que seas feliz y que nunca te falte de nada.

Lo único que siento es que esta carta se parezca tanto a una canción de Los Planetas.

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4 thoughts on “terapia y desmembración

  1. Ni puedo ni quiero modificar ni una sola palabra de las que has escrito, es tal cual, como tú lo has expresado, como lo comentábamos el sábado, después de lo de Julio, después de lo de Hilario, después de todo lo que hay en tí, de tu vida y la nuestra…..
    Ni puedo ni quiero modificar nada, tan sólo hubiera preferido no tenerlo que leer, que tú no lo hubieras tenido que escribir…..
    Gracias por este pequeño exorcismo.

  2. Johan dice:

    Se parece mucho a lo que yo escribiría para más de una persona. Por desgracia.

    Desde aquí, felicidades a Juan Antonio y a Julio por sus recientes éxitos.

    Aprovecho también para decirle a la autora del blog que es un éxito como ser humano.

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