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epifanía de san blas de dubrovnik

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Cuando he mirado hacia la puerta para ver pasar a Didier con su camisa de dragones dorados sobre fondo negro (Cristina me dice que una vez conoció a un francés que vestía bien… yo no me lo creo), la figura de San Blas, próxima en el espacio pero distantemente ubicada hasta ahora en un discreto segundo plano de mi narración cotidiana, ha crecido hasta proporciones de aparición divina en el rabillo de mi ojo. Me ha recordado a las típicas fotos en las que, jugando con la perspectiva, el turista posa simulando sujetar la Torre de Pisa.

Tengo un San Blas en lo alto de la torre de mi ordenador, y él tiene la ciudad de Dubrovnik en los brazos, y la ciudad de Dubrovnik tiene ventanas en distintas alturas, y por su ventanas imagino que se asoman pequeños ciudadanos medievales, y es fácil adivinarlos en sus quehaceres gremiales cotidianos mientras suena una canción de Iron Maiden en el iPod.

La oficina a esta hora, más o menos, cobra textura gelatinosa (el mundo es una aventura sin fin para un sinestésico) y las ventanas son pinturas rupestres con la irrealidad del tráfico fluido como sólo puede serlo en este momento post-ángelus y en la madrugada.

En esta consistente viscosidad ha irrumpido mi San Blas, Sv. Vlaho para los de su barrio y familia, con sus ojillos almendrados etruscoides, como de susto. Por desgracia, es tan increíblemente primitivo e inexpresivo que no hay lectura posible. Sólo pasmo. ¿El pasmo de esta oficina? ¿El pasmo del hombre moderno ante la falta de arraigo en un mundo frenético? ¿El pasmo camisa de seda de un francés atractivo en torno a los 30? ¿El pasmo psicología de hombres y mujeres de empresa? ¿El pasmo silencio estamos rodando? Porque yo sé que me quiere decir algo, algo como que piensa lo mismo que yo pero no le sale la mirada cómplice por más que lo intenta.

¡Ay! ¡Hermes tan escurridizo! Necesito una guía de traducción de santos extranjeros hieráticos al castellano de asfalto, parqué y moqueta, para saber qué tiene en mente este mío que tanto me recuerda (¡ahora caigo!) al Escriba Sentado, patrón de los redactores creativos desamparados…

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10 thoughts on “epifanía de san blas de dubrovnik

  1. es una de esas típicas historias muy largas, pero que siempre se pueden resumir.

    para una campaña en la que promocionábamos un crucero, uno de los destinos era dubrovnik y teníamos que buscar un regalito para mandarle a los participantes y que se les hiciera la boca agua. entre las diferentes opciones que nos dieron nuestros rastreadores de regalos, estaba el santo patrón de la ciudad, a saber, san blas. con diferencia, la más horrible de todas las alternativas pero, qué cosas pasan, yo me enamoré de aquel san blas que llegó de muestra. cuando se lo presentaron al cliente, éste se horrorizó, y al final regalaron corbatas y estilográficas, que fueron inventadas en la misma zona… nunca dejarás de sorprenderte.

    y así se quedó, un pobre san blas descartado y desvalido sin nadie que le pusiera flores, hasta el final de la campaña. entonces, después de mi mucho insistir, se rompió la norma sagrada que dice que una muestra nunca se da por ahí, sino que se guarda (total, esto en particular qué salidas podría tener san blas a corto, medio, e incluso, largo plazo), y me fue concedida la merced de ser la poseedora de la fantástica estatuilla de san blas de dubrovnik.

    también tengo un tucán de madera de talas ilegales en el amazonas, un avión boeing nosécuantos reproducido a escala, un action man buzo de un happy meal, un león del imagnarium y un recortable de supermaño que me hice yo misma…

  2. Si habeis visto la película Frenético no sigais leyendo.

    Una de las veces la ví volviendo en autobús, de Amsterdam a Barcelona. El mc guffin de la película era un nosequé escondido nosedonde, creo que un microchip en una especie de recuerdo de la torre eiffel o así.

    Al acabar, comentario de una señora detrás mío ¡Ah, la droga estaba en el san pancracio! Tu San Blas me ha recordado aquel San Pancracio

  3. Aunque admito que cosas peores hay en mi mesa, no sé… ¿un santo bizco encima del ordenador no resulta demasiado inquietante? ¿Tú no sabes que esas cosas tienen dentro cámaras ocultas? A lo mejor te vigilan desde dubrovnik y planean algún secuestro internacional… YO que tú miraría al santo de reojo, y taparía tecleos que puedan darle datos…

  4. Pingback: Sveti Vlaho « desprendimientos de retina

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