miserias humanas

miserias humanas II

Muy a la par, en cuanto a pesadez de carga junto con la opinión, se encuentra el remordimiento de conciencia. Ese recuerdo que permanece en la boca del estómago y provoca un acusado malestar en el alma cuando uno ha hecho algo mal y, lo más importante: lo sabe.

Nuestro raciocinio nos hace distinguir el bien del mal. No faltaría más, para eso nos los hemos inventado.

Hemos asumido una serie de códigos de conducta y sistemas de valores, conforme hemos crecido: unos porque nos los han querido inculcar y han hecho lo posible por ello; otros los hemos ido a buscar nosotros mismos en nuestras etapas más revolucionarias en las que renegábamos de nuestro origen hasta alcanzar la ilusión de la independencia; y otros, sencillamente, nos los encontramos mientras íbamos viviendo. Pero nadie es libre de la cultura, ya se empeñe en transgredir y en buscar ‘alternativas’. Cualquier alternativa siempre formará parte de otro algo más grande que no es alternativo en absoluto para otros muchos seres humanos..

Y la prueba de la falsedad de esa supuesta independencia de criterio no es otra que la incapacidad de relativizar sobre los valores que pesan sobre nuestra conciencia cuando ésta es asediada por los remordimientos. Porque las más de las veces los remordimientos se articulan sobre principios socialmente aceptados, sobre todo procedentes de la gran corriente (marea) católica, que postula la contricción como primera acción posterior al error. Hay que arrepentirse y buscar en primer lugar, no la enmienda mediante la acción, sino el perdón, es decir, la palabra de perdón, y la enmienda mientras tanto queda relegada a un propósito, a la potencia, al no lo haré más palabrita del niño jesús. A la nada. La reparación se hace por medio de una oración: más palabras. Pero una vez obtenido el perdón… borrón y cuenta nueva. Para el católico se acaba el remordimiento o por lo menos su justificación. Pero, ¿y para el no católico que sin embargo ha asumido de forma inevitable en su educación tales principios?

Otra variante de remordimiento de conciencia, después de la moral, es aquella que tiene por origen la superación personal, eso de ‘podía haberlo hecho mejor’ o ‘podía haber hecho B en lugar de A’. Esta variante, en ciertos casos particulares puede constituir un motivo de obsesión, lo cual, como se puede suponer, no es en absoluto saludable y hay que evitarlo. Un buen comienzo consiste en pensar que si ha sido así, ya no hay manera de que hubiese sido de otra forma. Incluso si volvieras atrás en las mismas condiciones posiblemente lo repetirías todo punto por punto, sencillamente porque cuando estuviste ahí pudiste hacerlo de otra forma y no lo hiciste. Un hecho consumado. No se puede borrar. Deja de analizar lo que ocurrió y asume la situación presente. Esto es lo que hay. A partir de ahí, empieza a construir.

Un antiguo sabio llamado Carlos Macías me aseguraba en mi época de padawan que los remordimientos de conciencia son el peor invento de la humanidad junto con las prisas. En primer lugar porque paralizan la acción. En segundo lugar porque son una sensación desagradable. Y en tercer lugar, porque el pasado es pasado y no tiene sentido darle vueltas.

Tan sólo sé listo y aprende para la próxima.

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