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preludio acertado para un cumpleaños

Ains, cómo he tardado en escribir…

El fin de semana pasado, mientras media España estaba con la vista puesta en una ciudad capaz de gastarse lo indecible para recibir dos días a un señor y que no puede invertir en sus infraestructuras como para que la gente no se mate, me fui a la sierra a ver a Dylan. Qué cosas, las familias reivindicándose a sí mismas con arreglo (de trasfondo) a criterios de lo que puede o no puede ser, y virginales jóvenes armados de guitarras catequistas destilando buena onda por las calles de Valencia en defensa de la heterosexualidad en las formas (en el fondo, cada cual luego esconde sus trapos donde y como puede, ¡ay de la doble moral de las convenciones sociales!).

Al final, el fin de semana nos dejó a un Papa inteligente, comedido y oportuno (intelectual que es él, oiga). No quiso añadir más ansiedad a la que ya de por sí arrastra una conferencia episcopal desquiciada que, sea por el matrimonio civil entre homosexuales, sea por el proceso de paz vasco, ha olvidado el asunto ese de la separación Iglesia-Estado. Ains, qué materiales son, al final, los asuntos de Dios. Y qué miserables los hombres. Iba yo justamente pensándolo esta mañana, escuchando a Blondie y cruzando el paso de cebra con el temor habitual a la mongolez al volante del personal, después de encajar dos codos a la altura del bazo al intentar bajar del siempre atestadísimo 159. Pero cavilé: qué coño, es viernes, día tonto y feliz. Tras lo cual, he tomado posesión de mi puesto de trabajo con una sonrisa y me he limitado a dejar a mi mente volar hasta localizar a mi favorito de esta tarde para la primera carrera de Newmarket. Da igual la naturaleza humana, la tiñosidad de espiritu y la lobreguez del oficinista en hora punta. Lo que realmemte importa es que un potro de dos años llamado Dunelight quede entre los tres primeros de sus semejantes en la milla de las 13:30h.

Y volviendo al tema del que pretendía escribir: Bob Dylan, o como diría el amigo Favorite, Su Bobeza. Está mayor ya el hombre, la artrosis le impide sostener una guitarra y nos deja sin su estampa más característica. Pero tiene el día de buen rollo y nos sonríe y nos dice que se lo está pasando genial y toca ‘Like a Rolling Stone’ y saluda con la manita al respetable. Nada que ver con el Dylan frío y despegado del que tantas veces me había hablado Toño. La banda, enorme. Dice el Vito, y coinciden los demás que estuvieron hace dos años en Alcalá, que cierto es que estaba más majo, pero musicalmente más tranquilote que entonces. Dos años… Marité me hacía ver todo lo que han dado de sí estos últimos dos años en nuestras vidas, aprovechando el trayecto Cabanillas-Villalba camino del campo de fútbol con Javi al fondo despotricando contra el carné de conducir por puntos…

Así empezó mi 25 cumpleaños. La voz del Pollo asegurando que Jesús Gil está vivo y en Florida, con una inmensa camisa de flores, huído de los escándalos marbellíes… (Seguro que ha enseñado a Elvis a jugar al mus y echan su partidita todas las tardes con un par de ancianos exiliados cubanos.) Y con Toño y mi nueva y flamante Play Station 2. Así se estimula la felicidad de una humilde personalidad adictiva.


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10 thoughts on “preludio acertado para un cumpleaños

  1. Uy!!! Ya sabía yo que este fin de semana se me estaba olvidando algo…. joooo!!!!

    Muchas, muchas felicidades!!!! Y un beso fuerte tanto de Avo como mio.

    Alis

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