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miércoles sobre un objeto de deseo inerte

Mientras noto cómo el desodorante no me ha abandonado en este miércoles de vuelta al trabajo, sino que más bien hace patente y soberana su presencia cada vez que levanto los brazos, pienso en que da igual lo ridículo que seas, porque siempre vendrán otros y colmarán tu ego.

¿Dónde está la verdad? ¿Dónde la objetividad desde la que se distingue lo mediocre de lo sublime? ¿En los estantes de cosméticos del Mercadona?

Tal vez si concentro el pensamiento en mi axila las ideas no se irán adonde no deben.

Axila, motor del pensamiento.
Dibujo de Glenda Jung.

Hmmm… Hoy podría ser un gran día para volver a casa temprano e intentar hacer sushi con la receta que me contaba Shina el otro día. Cuesta pensar que el sushi pueda reflejarse en una receta, como las croquetas de cocido o el asado de perdices. Pero, claro, tengo que ir al Ateneo con mi buen amigo Borges, y llamar a los amigos de Sanse para decirles que tengo que ir al Ateneo con mi buen amigo Borges, y retrasar las horas de sueño que le debo a mi cuerpo en pago por el artículo sobre Arabia Saudita.

Uf. Tengo todavía la cabeza en la playa en la que no estuve.


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