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chocolate y modelos

(Recuperado de un blog que escribí anteriorimente y cuya situación en el hiperespacio sólo debe conocer una persona.)

los días son cosas sencillas de llevar, casi con una mano, cuando no hay nubes y el sol insiste en que ya es primavera. un vaso de coca-cola sobre la mesa del despacho, un reportaje interesante que me está llenando los sentidos de caprichos gustativos [hmmm, chocolate], una redactora jefe en manga corta soltando algún chascarrillo simpático, mil tarjetas nuevas de mil contactos realizados esta mañana en una exposición de decoradores y diseñadores [oh sí, he conocido el paraíso del interiorismo…], organización de materiales, hora de siesta hasta que… el timbre. y de nuevo… el timbre. y otra vez… el timbre. once again… el timbre. y, finalmente, redacción de mujeres alteradas. “hola, venía a un casting”… “hola, es aquí el casting, ¿verdad?”… “buenas, vengo a hacer un casting”… “creo que he quedado aquí para una entrevista a las 16:30”… así hasta 32 modelos, 32, de dos agencias diferentes, una para una presentación y otra para otro evento de una bebida alcohólica. las de likeyou a la derecha, las de mooron a la izquierda, sepáralas bien que luego no las distinguimos, buen pastor, buen pastor, no dejes que se te mezclen las ovejas. mi compañera de modas no ha venido esta tarde porque está buscando por todo madrid los trajes idóneos, de angelitos, que habrán de llevar las modelos. una única consigna: talla 38, la universalidad. mientras unos eligen a las mozas, otros eligen los vestidos, con la sincronía en el tallaje por bandera. así se ahorra tiempo. así se forjan lugares comunes, complejos comunes, trastornos comunes. no voy a disertar sobre problemas alimentarios. sólo voy a hablar de 32 mozas de la talla 38, que son 32 mozas del tipo “universal”, bien diría woody allen. abanico de colores pasteles, minifaldas, zapatos, botas, tops, camisetas, bolsos, ojos grandes, ojos menos grandes, miradas oscuras, miradas transparentes, miradas altivas, miradas despistadas… en las 32 hay de todo. mujeres seguras, de piernas largas, faldas cortas, botas altas y paso firme; noto temblar el suelo bajo el impulso de unos tacones llevados de una forma de la que yo jamás seré capaz. mujeres inseguras, distantes, muy maquilladas. mujeres ibéricas, chiquillas famélicas, garzas de europa del este. estómagos planos, mentes intrincadas. belleza de la amarga, de la que a uno le sabe mal ver, y no es por envidia, sino por constancia de que quien la posee, y además se dedica a vivir de este mundo, es en primera instancia siempre juzgado/a por ella. y de nuevo la constancia de lo que nunca seré; lo que nunca tendré y que ni siquiera podré echar de menos porque jamás lo he conocido. al menos, me queda mirarlas a ellas. sin verme a mí en el paisaje. mirarlas a ellas, sustraerme del escenario, sólo un observador de la belleza ajena. factor incontestable. la belleza es algo sublime, que se hace sagrado al engendrarse en la carne; se mueve, está viva, la piel, las caderas, los senos… existen sobre la faz de la tierra, son portados y alimentados por corazones que laten de verdad. no más galatea. no más estatua de sal. y como en carne está hecho el verbo, está llamado a irse como las palabras, con el viento. un solo soplo basta, un solo soplo basta. pero volverá, habrá más, siempre más, mientras haya humanidad. no será la misma, será otra la hembra que ande con su paso firme sobre la tierra, pero da igual, la belleza nunca ha entendido de seres individuales ni de identidades, tal es la crueldad, tal es, como un campo de exterminio. la belleza como un campo de exterminio generador de angustia; la contemplación nos angustia, porque lo que quiera que sea esa mujer no puede ser tan hermoso y a la vez estar vivo. y la cuestión es que lo está, como un milagro de prestidigitador barato, como el producto de un gesto de un hacedor endiablado. endiablado, endiablado, endiablado, porque no ha dotado a los seres humanos de ninguna triquiñuela en su código genético que les haga transformarse en inmortales cuando las combinaciones derivan en estos seres etéreos. quizá, menos mal, podría resultar un coñazo ver todos los rincones llenos de… la belleza entonces sería algo líquido e incoloro, que adoptaría la forma de los recipientes sobre los que se vierte, y no diría nada por sí misma. la belleza con los labios cosidos. cosidos con agujas oxidadas. lo que viene detrás es la confusión… la confusión… la confusión… resuelta con la certeza de que esta apreciación de la hermosura, este no poder separar la mirada de un cuerpo demasiado común al propio, carece de componente sexual. carece de esquinas de pensamiento. carece de humedades y vanaglorias. y sin embargo, deviene constante enamoramiento de las líneas y las texturas que son pobladores casi indiferentes para quien los lleva, de no ser porque suponen un algo a lo que “sacar partido”. esto que tengo delante no es en sí mismo; es en función de algo. tal circunstancia se lleva mi sensibilidad por delante, la atropella. comprendo la exhibición – exijo la exhibición [al fin y al cabo, es patrimonio de lo humano], y abomino [¿abomino?] de la comercialización. en la comercialización podría haber un cabo de inicio para el componente sexual. pero mi sexo se queda ahí, justo ahí, la vuelta. el cuerpo femenino está sencillamente diseñado para la condena a la observación, pasivamente por quien lo porta, y activamente por todos los demás individuos, indistintamente del género.

podríamos amarlas a todas. sólo moriríamos de ahogamiento, o tal vez de ansiedad por la inasibilidad del todo al que nos enfrentaríamos.

demostraciones andantes de la perfección.

monumentos a la fugacidad.

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3 thoughts on “chocolate y modelos

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