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condena cultural

Una cultura sólo puede ser descrita en sus propios términos. Cualquier intento de definir, o siquiera hablar de otra cultura distinta a la nuestra desde nuestro lugar, desemboca en conclusiones sesgadas por nuestros juicios de valor apriorísticos, esas concepciones que creemos ‘naturales’ y que nos acompañan de forma inevitable en todo lo que hacemos aunque no seamos conscientes de ellas. No hay una forma universal de concebir lo que es de todos, porque todos y cada uno de los que formamos parte de ese todo pertenecemos a una particularidad socio-cultural determinada. Ni siquiera hay una forma social que “deba” ser universal, y si resulta que lo afirmamos, como tradicionalmente hace occidente, sólo estamos dando las condiciones para que se geste el ‘pensamiento único’, que no es pensar todos una misma cosa, sino pensar todos todas las cosas de una misma manera, con un mismo proceso mental y las mismas categorías como referencia.

Por eso, ¿vamos a cometer el pecado etnocéntrico de considerar a nuestra sociedad como la mejor, porque es una “civilización”, está “civilizada” ha llegado “hasta” un punto determinado de evolución cultural? ¿Incluso podemos llegar a decir que es la mejor posible? No. Es una más. Sencillamente es una más de todas, pero con especial vocación fagocitadora sobre las demás. Una más que ha segudo una evolución, no “la evolución”. No hemos encontrado ningún camino, ni ninguna luz (¿la de la razón? habría mucho de lo que hablar al respecto).

Considerar que hemos alcanzado una situación que nos hace más justos o mejores, que hemos llegado a un horizonte o que estamos en el mejor camino posible para alcanzarlo, es producto de una idea que ni siquiera existía hasta hace menos de 300 años: la idea de progreso. Unida a la concepción religiosa occidental que tiene carácter teleológico: todo tiene un fin y una justificación. Todo es o no es con arreglo a un objetivo, situado en algún punto de la línea recta que se interpreta que es el tiempo, del que se piensa que va desde atrás hacia adelante. Vamos hacia. Y por eso nos preguntamos de dónde venimos y cuál es el sentido de nuestra marcha.

Tal vez… Tal vez no lo tenga.

Tal vez no vamos hacia ninguna parte, ni venimos de ningún lugar, ni ninguna voluntad nos ha dispuesto sobre la faz de este terruño para cumplir pruebas o ganar jardines. No hay más ideales que los que nacen del hombre. No hay sentido. No hay direcciones. Sencillamente, EXISTIMOS. Mejor, peor, con una ética que pertenece sólo al individuo, sin universales. Que si creyéramos que los hubiese, no serían descubrimientos, sino inventos. “Estamos”, simplemente. Y “somos” en la medida en que cada uno nos hacemos a nosotros mismos, dentro de nuestro particular cercado cultural local. Algunos, aplastados por sus corrientes concretas, como quizá lo estemos todos, en Kabul, New York o Yap, porque cualquier vida en sociedad acaba dando lugar a una cultura, una cultura que es siempre vertebrada por una ideología, una ideología que acaba siempre por ser monopolizada por alguna institución, instituciones que perpetúan, miman, reinterpretan o dejan que estas ideologías se anquilosen. Hasta que la propia cultura de cada sociedad, de cada pueblo, alcanza al individuo y lo abate.

(Apostilla. Y acaba por preocuparse por asuntos tan baladíes como el Estatut. Y le acaba por afectar la desmembración de su nación, cuando las naciones son inventos de hace dos siglos y tan absurda es la nación Cataluña como la nación España. Las ideas nacionales son constructos particulares y se toman como universales…).

La única libertad absoluta posible es la del indivuduo libre de cultura (no enclavado en una cultura global, pues volvemos a caer en el pensamiento único). Sólo desde ese punto es posible valorar el mundo sin juicios previos arrastrados; y desde este punto resulta que no hay referentes de juicio, porque no hay anclas echadas en ninguna parte y cualquier investigación tendemos a convertirla en comparativa porque sus propios términos nunca se bastan. Luego, aparte de que no hay objetividad posible (el individuo es siempre sujeto, y sujeto enclavado en el espacio y el tiempo), es imposible asimismo el análisis. Es imposible valorar otra cultura desde la nuestra y que esa valoración sea considerada como válida. Y habría que preguntarse incluso si el desarrollo del individuo es posible sin la cultura… Paradoja: individuo sin cultura no es posible; individuo en una cultura no puede ser absolutamente libre para ser capaz de realizar un análisis válido.

Categorías indelebles que estamos condenados a arrastrar. Bendito Kant.

Maldito Kant.

Aún me quedo, ya que no es posible la libertad grande, con una libertad pequeña que sólo alcanza al individuo y que consiste en el hombre capaz de encontrar una ética propia. Aún a pesar de…

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