posts antiguos

la lucha por la propiedad de las palabras

Es una cuestión de propiedad. Para algunos, deben existir, sin duda, los derechos privativos de su propio grupo, aquel al que pertenecen, con el que se identifican, y que sirve para excluir a lo que resulta extraño. Ellos tienen los derechos; los demás, aquellos que no les gusten, no tienen esos derechos. Derechos privativos.

Luego, otros piensan que el matrimonio es una institución en sí misma, un fin, y como las instituciones son instituidas, ésta viene directamente de Dios. Una unión sancionada por la divinidad, que se adjudica, por medio de sus ministros en el mundo terrenal, la exclusividad de dicha unión. No es que no se pueda desvincular del Dios: es que sin el Dios no hay unión sancionable posible.

Vale. Lo voy entendido, entiendo los procesos que van llevando a una situación que considero injusta. Pero primero quiero analizar despacio sus antcedentes y sustentos, para luego poder desmontarlos convenientemente.

Empecemos por ver el matrimonio no como un fin, sino como un medio, un método de unión, una forma de estar juntos que, al fin y al cabo, es el objetivo. Un método por medio del cual obtener derechos civiles que aseguren el bienestar de dos personas que, después de haber trasegado sobre la Tierra, por fin se han hallado y reconocido el uno en el otro el par con el que, al menos a priori, desean envejecer.

Prosigamos con que, por si fuera poco, el matrimonio como institución, se ha desgajado de la religión, se ha hecho civil constituyendo una nueva especie, que no rinde tributo ni obediencia a la arbitrariedad del capricho de ningún Dios, deviniendo medio, en lugar de fin.

El Foro de la Familia sale a la calle a pedir que los gays no puedan casarse, es decir, a pedir, con el apoyo de un concepto religioso del matrimonio como sagrada institución que no debe corromperse y cuyos principios son la unión de un hombre y una mujer para procrear [es decir, no otra cosa que un sistema de producción, cosa que los homosexuales no son porque no pueden ‘producir’, desde este punto de vista, la definición de matrimonio no se les puede aplicar; pero es una simple cuestión semántica], que los homosexuales no tengan el derecho de ir a un juez y constituir una unión civil, encaminada a obtener derechos civiles.

Por un lado se enfrentan dos conceptos de matrimonio: el religioso, con sustrato ritual y naturaleza divina, vs. el civil, como forma de formar una ‘sociedad’ de mutuo beneficio y comunes objetivos. Por otro lado, hay una cuestión terminológica.

Foro de la Familia: ¿sólo ellos están investidos del poder para formar esas también sacrosantas unidades de producción de nuevos individuos que alimenten Matrix [y dependiendo de según qué sectas católicas, cuantos más, mejor]? Unas comunidades que se autoerigen en propietarias indiscutibles del derecho a unirse en matrimonio y constituir familias.

Más de 500 años luchando por la separación de poderes Iglesia-Estado para hoy [o mejor, el próximo sábado, que servidora estará en la comarca de Ribera del Duero catando buenos caldos 12 horas al día mínimo, a la salud de propios y extraños] ver esto. E insisto en la cuestión religiosa porque, desde el punto de vista civil, no veo motivo de alarma. ‘Ante la ley todos somos iguales…’, garantiza la democracia.

Igual, y aquí aludimos a la segunda cuestión, como en todo proceso ritual, la importancia está en la denominación de cada cosa, es decir, en el componente mágico que tienen los nombres que se le aplican a los distintos pasos y estados.

Quicir, que la palabra ‘familia’ y la palabra ‘matrimonio’ tienen la propiedad de conjurar cosas que no son de este mundo, sino de otro, que no contempla relaciones de hombre-hombre y mujer-mujer, y en el que no sé si me apetecerá estar si se da el caso de que, al igual que ocurre aquí, ellos deseen poner normas con la intención de vetar derechos a otros seres humanos por el modo en que éstos se comporten emocional y sexualmente. Qué ganas de cohibir y controlar al prójimo, oigan, que al fin y al cabo, no se está haciendo daño a nadie. Y si se lo hace a sí mismo, responda cada cual de su alma, que cuando se está en posesión de una somera dosis de sentido común, empiezan a sobrar los pastores que guíen a las ovejas ‘escarriadas’.

Una solución de compromiso, a la vista de esto, sería el cambio de nomenclatura, a modo de movimiento de disuasión. No lo vamos a llamar ‘matrimonio’ al matrimonio entre homosexuales, sino ‘gñukjmnh’, ¿vale? Y la familia o unión que den lugar, ‘kmuyttn’. Una forma de decirles a los ‘ofendidos’ que los ‘raros’ no se apropiarán de sus insituciones, de sus nombres rituales.

Será lo mismo, pero no será igual.

O tal vez, puestos a distinguir las naturalezas de uniones ‘distintas’, la concordia hubiera resultado de igualar los derechos y situación de las parejas de hecho con respecto a los matrimonios; una equivalencia que evitara discriminaciones, que hubiera dejado sin gran parte de sus ‘argumentos’ a los detractores de las uniones familiares de gays. Pero, claro, por otro lado, es difícil resistirse al gustillo que da la conquista de un símbolo… ¿Ganas de tocar las narices? Muchas; a mí personalmente me encanta poder tocárselas de vez en cuando a determinados colectivos retrógrados.

O tal vez no era cuestión de tocar las parejas de hecho, porque, tambié tal vez, es necesario que haya un paso intermedio, un tipo de unión más ‘floja’ que te ayude a pensártelo antes de constituir algo más ‘gordo’.

Y que ya se me escurre el razonamiento, porque estoy hablando de una indignación que no entiendo, que viene de un colectivo al que me cuesta respetar en tanto que defiende que NO todas las personas tenemos los mismos derechos. Una indignación que me produce más indinación a mí. Creo recordar que así se producen las fracturas sociales… sobre todo, en los pueblos ignorantes y cortitos, como demuestra frecuentemente ser el nuestro.

Como decía un lector del 20 Minutos de forma mucho más sencilla y lúcida que yo con todo este artículo tan farragoso: NO PUEDE SER MALO ALGO QUE DA DERECHOS.

Anuncios
Estándar

One thought on “la lucha por la propiedad de las palabras

  1. un lugar llamado frío dice:

    Estoy en total desacuerdo. Me parece que es sacar las cosas de su contexto.

    No creo que nada se pueda reducir a esa premisa y también me parece que está demasiado manipulado, que es una constante utilización de términos por parte de los medios de información.

    Yo esto lo miro con bastante distancia porque no estoy en España, pero la verdad es que a veces, lo agradezco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s