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Entre la lentejuela en el ojo propio y el maquillaje (de espesor digno de un muro insonorizado) en el ajeno, Eurovisión nos ha dejado una verdadera perla alternativa.

Pero alternativa de verdad, nada de disfraces de orco de Mordor, guitarritas de plástico, vestiditos de patinadora artística (pero qué daño ha hecho Beyoncé) o trajes de fiesta de la boutique Yennis’s de debajo de mi casa…

Ahí estábamos los dos en el sofá, con la esperanza prácticamente tan perdida como cualquier otro año en lo que a este certamen respecta, cuando aparece un paquito con una americana digna de Miami Vice, unas Rayban clásicas, barbas de “algo” más de dos días y esa melena al viento… Montado en su cochecito de golf, con su balón de Nivea y su micro en el suelo. Y va y se marca un temazo con acompañamiento casi casi casi de Casio PT10, y una voz que de primeras nos recordó a nuestro queridísimo Jarvis Cocker.

Qué queréis que os diga, nos llegó al corazón. Tal fue la aparición de Sèbastien Tellier, representante de Francia, con su canción Divine que, en estos precisos momentos, encabeza en mi iPod la lista de reproducción titulada “UN DÍA TAL QUE”.

Por supuesto, en lo que es propiamente el certament, se comió los mocos.

Oh. Siento el deber moral de compartir la canción. (Ojo que es mazo pegadiza.)

Coño, pero qué grande.

Lo normal no existe. No hay una realidad unívoca y universal con la que nos podamos vestir e interpretar los significados de cada cosa. Lo normal somos nosotros, porque lo que quiera que estimemos como ‘normal’ está en nuestras cabezas, y no es otra cosa que un estado de la mente que puede desmantelarse en cualquier momento. Cuestión diferente es hasta qué punto cada cual se puede o se quiere aferrar a sus puntos cardinales; porque da demasiado miedo pensar que el mundo no es como lo pensamos.

J. G. Ballard ha sabido detectar esta tendencia humana, analizarla y explotarla a través de su obra, dando lugar a algunas de las “pesadillas de lo posible” más pavorosas y seductoras que se han creado. Historias que trascienden el presuntamente reducido marco de lo que se viene a llamar “ciencia ficción” y que se alojan en el único universal posible: el miedo. Porque todos tenemos miedos. Y cuando analizamos todos y cada uno de estos miedos, llegamos a la conclusión de que en su raíz estamos nosotros mismos.

El miedo a uno mismo y al semejante. Porque, insistiendo en la misma idea con la que comenzaba este post, es en nosotros donde nace la realidad y es en nosotros donde se rompen las condiciones de habitabilidad del mundo que nos rodea. Y Ballard nos ha hecho ver, dentro de todas las posibles rupturas, la peor de todas: la degeneración paulatina, mostrada magistralmente a través de la evolución psicológica de sus escenarios y de sus personajes, tanto individuales (Crash) como colectivos (Rascacielos), bañándonos de desconcierto en piscinas vacías (Hola América), tiñéndonos de líquenes en planes de vuelo imposibles (Compañía de sueños ilimitada), llenándonos los bolsillos de drogas inútiles y sexo desviado (SuperCannes), haciéndonos huir por carreteras híper transitadas de donde nadie nos recoge (La isla de cemento)

Si otros autores han sabido sacarle partido al vacío, la soledad, el silencio… la poética de Ballard se nutre de masificación, de tráfico en hora punta, de cercanía a elementos y personas que resultan no ser como habíamos creído. Porque no somos, ninguno, y en definitiva, como los demás creen que somos. Ni siquiera como nosotros creemos que somos. Dicho así suena a topicazo, pero se necesita una mirada distinta, privilegiada (o desviada, o pervertida) para apreciarlo con determinado punto macabro.

Es el retrato gótico del “cada día”, donde se han hecho románticos los coches accidentados y las gafas de sol rotas, los carros de la compra oxidados y todas las máquinas de volar que el hombre ha inventado y está aún por inventar.

Ballard nos ha dado todo esto: nos ha dado a nosotros mismos. Y ahora espera a que se le termine de comer el cáncer, quizá triste por no poder escribir más cuentos… O quizá tranquilo por abandonar este parque de infecciones y reunirse con Mary y su bondad de mujer, para sobrevolarnos por siempre a los mandos de un Cessna que ya jamás se estrellará en ninguna parte.

Goo Goo Dolls - We are the normal

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Salvo en la tienda de chuches del sitio donde para el autobús que va y viene de mi pueblo. Siempre que viajo allí me compro una de esas chocolatinas de mi infancia como homenaje a todo lo que no vuelve, pero permanece tercamente en el recuerdo.

Así ha sido con todo, y ahora también lo será con las Jornadas de Poesía Última de la Fundación Rafael Alberti. El Puerto de Santa María seguirá en las mismas coordenadas del mapa, pero ya no será lo mismo. Han sido diez años (para mí, en realidad, sólo ocho, que no son pocos) en los que acudir una y otra vez a la cita ineludible, en una suerte de peregrinaje devoto, no tanto ante la memoria de Rafael Alberti, como ante todos los congregados en cada una de las ediciones.

Prácticamente una década de amigos, borracheras, conversaciones surrealistas y magia de esa que hace que las personas conecten entre sí y se conozcan como si hubieran hablado entre ellas durante meses, sin parar. Una década de cuerpos, de sabores, de palabras. Una década que basta y sobra para exhibir una buena muestra de la cursilería más descarada en este post, para instigar otra de esas cansinas reflexiones sobre lo que desaparece como las lágrimas en la lluvia de un Replicante cualquiera delante de un cuaderno o de un teclado qwerty.

Nos hemos hecho mayores. Unos más calvos, otros más valientes, la mayoría más gordos. Y en el balance final, poesía para todos y frases a gritos para quien quiera escuchar, además de algún que otro libro publicado o por publicar (y esto, como todo, ya es otra historia). En fin, detritus de sentimentalidad reprocesada con la más firme de las voluntades artísticas… Y compartida, que era lo importante.

Todo tan distinto. Ninguno de nosotros era de allí. Y sin embargo era como el hogar.

The enemy - This Song

Posdata: este no es un post para que me digáis dónde puedo encontrar la chocolatina.

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Mientras el abstencionista se esfuerza y se esfuerza por denfender su causa, producto del desengaño político, vía Menéame me llega una iniciativa notoria dentro de la anodina campaña electoral que se nos viene envima: Vota Cthulhu. Porque, ¿para qué decidir entre el menor de los dos males, o abstenerse de ejercer el sacrosanto derecho al voto, si se puede tener la más cruel de todas las opciones?

Toda una lección de frikismo y creatividad, de imaginación y sátira política.

Aunque, quién sabe, igual el Cthulhu presidente tendría más que ver con el de la interpretación libre del monstruo ancestral de Lovecraft, realizada bajo el título de Hello Cthulhu.

Y como alguno de vosotros seguramente aún se esté preguntando quién carajo es Cthulhu, os remito a la obra del genial escritor de terror H. P. Lovecraft y su libro La llamada de Chtulhu (The Call of Cthulhu). Y si os da pereza leer, os podéis hacer una idea del bicho y su personalidad con uno de los geniales capítulos de todo un clásico de Youtube a estas alturas: Calls for Chtulhu.

Ustedes lo disfruten.

Procura ir siempre a la misma perfumería. No porque tengas su tarjeta de fidelidad y así acumules puntos que te den acceso a jugosas promociones, sino por la sencilla razón de evitar que te hagan otra tarjeta más en una perfumería distinta.

 

… debe de ser el de un caramel macchiato tamaño XXL con extra de nata y caramelo. Os mando, a todos, uno de estos bien calentito, aunque sea virtual, para que las Navidades os resulten dulces y calóricas de mi parte.

Momento de hacer un poco de repaso del año y tal… Y ver algunos datos, como que ya supero las 30.000 visitas desde que mudé el blog a WordPress, hará poco más de año y medio, lo cual está muy bien para mis modestas aspiraciones como blogger. Que la media de visitas diaria no ha hecho más que aumentar. Que las descargas de “Deseo” van viento en popa y que lo único que haría falta es que servidora publicara con más frecuencia. O que la palabra clave en buscadores por la que la gente llega mayoritariamente a este blog no es “Desprendimientos”, ni “Retina”, ni “Deseo” ni siquiera mi nombre… sino “Gozdilla”. Vivir para ver. Es lo que tiene la interné. Y es lo que tenéis todos vosotros, los que leéis este blog y con ello me ayudáis a configurar la que creo que es la única actividad donde puedo decir que soy constante esta vida… A todos, gracias.

También llega el tiempo de hacer propósitos para el nuevo año. Al hilo de esa ¿sana? costumbre de hacer listas, he comenzado un pequeño proyecto de blog en “El Polvorín” a la salud de mi buen amigo Pepe Ramos: la chica lista. Espero poder enumerar muchas realidades y que vosotros me aportéis lo que estiméis oportuno, sin que por ello este blog deje de contar con sus actualizaciones pertinentes.

Tenemos todavía por delante muchos viajes que compartir. Sólo acabamos de empezar.

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(El gran Forges…)

El otro día, enredando por nuestra biblioteca de iTunes en casa (esa que tengo hecha unos zorros, cosa que saca de quicio a Toño, y con razón), me encontré de bruces con una canción que hacía siglos que no escuchaba, y de la que me había olvidado por completo. Fue un auténtico momento “magdalena de Proust”, o quizá fue más bien como encontrarse con un viejo conocido con el que llevabas cantidad de tiempo sin hablar pero que te caía muy bien. Y se me clavó una astilla de tiempo en el pie derecho… un pedazo de 1998, posiblemente el único año de toda mi vida por el que siento verdadera nostalgia… La adolescencia fue como la de todos, o yo qué sé, pero tuvimos una postadolescencia bastante maja, ¿verdad?

Entre tantas otras cosas, era la época en la que no necesitaba mirar el All Music Guide para acordarme con absoluta precisión del año de publicación de una canción, de su orden de salida como single en el álbum al que perteneciera, de su intérprete, compositor y hasta de los productores, antes de que mi base de datos mental sobre pop y rock de las últimas tres décadas saltara por los aires.

Aunque bueno, aún conservo algunos vestigios… Momentos de iluminación que experimento sin venir a cuento cuando menos lo necesito. Y cuando menos pertinente es, como la mayoría de mis “salidas” extrañas.

Es lo que tiene almacenar en esta cabecita ingentes cantidades de información inútil.

Jo.

Miras las noticias en Menéame. Consultas cada duda en la Wikipedia. Ya casi no llamas a la gente, hablas por el Messenger. Recibes diariamente en el mail fotos de gente que no conoces: son tus contactos de Flickr. Vas a clase a la Universidad a distancia en su campus de Second Life. Le dices al mundo cómo estás a través de Twitter. Miras, antes de comprar, las opiniones de otros consumidores en Ciao. Consigues tus objetos de deseo en Ebay. Compras la música en iTunes. Ves los últimos anuncios de TV y videoclips de tus grupos favoritos en Youtube. Mantienes tu red de amigos en Facebook y tu red laboral en Neurona.

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Ay, la vida moderna. En breve daré una pequeña conferencia, con un par de amigos, en el Ateneo de Madrid sobre este tema, dentro de un ciclo que coordinaremos servidora y el señor Óscar Martín. Ya pondré debidamente los datos de la convocatoria.

Me dicen en la tienda que el Castlevania para la PSP retrasa su salida… ¡HASTA FEBRERO! No sé si será verdad la fecha pero lo cierto es que tendría que haber salido hoy y hoy no ha salido. Lo que faltaba para completar el viernes. Vaya mierda de día.

Estoy sufriendo el primer catarro de esta temporada otoño-invierno.

Mierda.

Corte Inglés de Serrano, sección librería. Transcripción aproximada de fragmento de conversación con Dani sobre libros.

DANI: ¿Y te has leído Cien años de soledad? Me refiero, ¿te lo has leído hasta el final? ¿Entero?

AURI: No, no he podido acabarlo nunca.

DANI: ¡Como yo! ¡Como todo el mundo!

AURI: Sí, debe de ser algo como ocurre con Proust, que había por ahí un chiste que decía que nadie se había acabado los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido salvo el propio Proust.

DANI: Ya, y aún así…

AURI: Cierto. De hecho, los dos últimos volúmenes podrían ser Lorem ipsum* y nadie se habría dado cuenta nunca.


*NOTA: Lorem ipsum (abreviadamente, lipsum) es el texto que se usa habitualmente en diseño gráfico en demostraciones de tipografías o de borradores de diseño para probar el diseño visual antes de insertar el texto final. No significa absolutamente nada. Ejemplo. (Fuente: Wikipedia)

“Por ejemplo, en este momento, en 1984 (si es que efectivamente era 1984), Oceanía estaba en guerra con Eurasia y era aliada de Asia Oriental. En ningún discurso público ni conversación privada se admitía que estas tres potencias se hubieran hallado alguna vez en distinta posición cada una respecto a las otras. Winston sabía muy bien que, hacia sólo cuatro años, Oceanía había estado en guerra contra Asia Oriental y aliada con Eurasia. Pero aquello era sólo un conocimiento furtivo que él tenía porque su memoria «fallaba» mucho, es decir, no estaba lo suficientemente controlada. Oficialmente, nunca se había producido un cambio en las alianzas. Oceanía estaba en guerra con Eurasia; por tanto, Oceanía siempre había luchado contra Eurasia. El enemigo circunstancial representaba siempre el absoluto mal, y de ahí resultaba que era totalmente imposible cualquier acuerdo pasado o futuro con él.”

1984, George Orwell

Más ejemplos de lo que le pasa a la gente cuando no lava bien la fruta e ingiere de forma involuntaria sustancias que no debe. No me extiendo en reflexiones. Habla por sí solo.

Claro, que puestos a ser negacionistas, también hay gente que niega lo del holocausto judío…

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lava-la

 

Las cosas que vienen del campo, así, generalizando, o tienen bichos, o llevan sustancias varias para matar a los bichos. En nuestro caso particular, y dado el nivel actual de sofisticación de los procesos agrícolas, lo más común es lo segundo. Esta característica de los vegetales que llegan a nuestra mesa, nos ha permitido escuchar en un sinfín de ocasiones, desde que éramos pequeños, a nuestra madre diciendo aquello de “hijo, lava la fruta antes de comértela”.

Y así es, amigüitos, hoy atendemos a las consecuencias de obviar aquella recomendación materna. Sí, hoy hablamos de la gente que no lava la fruta… Carbamatos, organofosforados, piretroides sintéticos, clorinatados ciclodienos, cloronicotinas… ¿De verdad pensasteis alguna vez que no iban a tener consecuencias?

Pues bien, sí que las tiene. El personal alucina. Al menos yo no encuentro otra causa más razonable para que, a pesar de los avances de la ciencia y el pensamiento, siga habiendo partidarios del creacionismo. O lo que también se llama, en un esfuerzo por parecer modernos y eso, “diseño inteligente“.

Se trata, esencialmente, de gente que cree que el Universo lo hizo Dios en 7 días hace unos 10.000 años, es decir, que el Universo tiene menos años que la domesticación del perro. Se fían de la historicidad de un texto que no es ni siquiera coherente consigo mismo, como bien se ejemplifica aquí.

Y aquí acaba la parte divertida.

Hablamos de que sus partidarios no dudan en censurar lo que esté a su alcance y tratar de colar sus doctrinas no científicas en los currículos escolares, además de emprender los más descabellados y surrealistas estudios en pos de una mínima evidencia que sustente todo esto que defienden. Increíble, incluso cuando la Iglesia Católica ha admitido hace tiempo, en su descargo, que se trata de un mito simbólico perfectamente compatible con la evolución.

Pese a lo que pudiera parecer, ganan terreno peligrosamente en Norteamérica, y no sólo en la más profunda; en Gran Bretaña, donde el gobierno financia escuelas concertadas donde se enseñan estas doctrinas y su ministro de Cultura ha llegado a hacer un llamamiento para que se impartan en todo el país; en Polonia, donde el partido en el poder proclama el creacionismo como “la verdad de la civilización”… Además de otros insospechados rincones de Europa adheridos a diversas sectas cristianas (evangélicas sobre todo) y musulmanas. Lo cual no es tan marginal como puede parecer a simple vista, y para demostrarlo me remito a la censura que se realizó sobre la emisión de un documental de Sir David Attenborough (uno de esos de la BBC, con prestigio, solvencia académica y eso, ya sabéis) en Holanda.

Que a estas alturas tenga que salir la Unión Europea llamando la atención sobre el atentado que supone tal chaladura para los Derechos Humanos, que todavía haya que discutir tales sandeces como si estuviéramos en el s. XIX, que a la gente se le pire tanto la pinza como pelear en tribunales y similares por algo que va contra toda evidencia, que encima se apele a la fe como peligrosa justificación del sinsentido (claro, la fe, ese don que no todos tienen por lo que no todos poseen la aptitud)… Y que, por si fuera poco, lo tengamos tan cerca.

Todo esto nos puede dar una idea del mundo en el que vivimos exactamente y de hasta dónde alcanzan los fundamentalismos que tanto miedo nos dan aun cuando los vemos en la distancia.

Y atención, porque en esta, como en tantas otras cosas, somos muchos los que podemos llegar a pagar, el día menos pensado, las consecuencias de las frutas que unos pocos no lavaron.

Mientras Toño se ríe él solo con el Carrusel de la Ser, yo me reconcilio con Billy Corgan.

 

En tres escuchas ya no te quitas ese estribillo de la cabeza.

 

Al pueblo, que es el cumple de mamá. Y mientras dejo aquí esta canción que soy incapaz de quitarme de la cabeza.

Me lo monto con escuadra y cartabong

Y como tengo un montón de currele, me voy a mimar un ratito y me voy a escapar a por un café mocca doble con sirope de noséqué y canela espolvoreada. Quicir, al Starbucks.

 

A ver si así me despejo un poco, que va a ser una tarde muy larga.

 

Leo, no sin regocijo, en el último libro del biólogo evolucionista escéptico y ateo (aunque lo primero engloba o debería englobar a lo segundo) Richard Dawkins, titulado El espejismo de Dios:

“Comprometerse con alguna religión en particular no es ni más ni menos extraño que elegir creer que el mundo tiene forma de rombo y circula por el Cosmos sujeto entre las pinzas de dos bogavantes enormes llamados Esmeralda y Keith.”

Y me he acordado del Gran Espagueti Volador.

 

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La culpa la tiene Pi, mi estatua parlante favorita. Me ha lanzado el guante, y yo lo recojo porque en el fondo pocas cosas hay en la vida que me gusten más que hablar de mí misma. De hecho, creo que es mi deporte favorito. En esta cadena que tengo a bien seguir, me dice que cuente cinco cosas que no haya contado nunca en la blogosfera.

  1. Ya no limpio mi casa (tarea que aborrezco en extremo, teniendo en cuenta que siempre encuentro mejores cosas que hacer). Pero me llega el presupuesto para que alguien lo haga por mí. (¿Snob? Me importa un carajo.)

  2. Me he pasado años poniendo a parir a Arcade Fire y ahora son uno de mis grupos favoritos.

  3. De pequeña, me encantaba ver películas de artes marciales con mi padre. Era yo quien las elegía en el videoclub. Posiblemente explique mi tendencia otaku. De seguir aquí, se lo pasaría en grande viendo series como Kenshin o Samurai Champloo conmigo. Fijo.

  4. Me dan miedo las arañas.

  5. Mi licor favorito es el jerez cream. Y mi marca por antonomasia, Harvey’s Bristol Cream, que sólo se puede encontrar en las bodegas Terry si uno no quiere irse, como muy cerca, a Gibraltar.

Ahora, le toca a acamus.

Me pasa muchas veces que, cuando voy a presentar una idea, creo a priori que me la van a tirar porque no es suficientemente buena, y así, acabo presentando mal y pronto. Afortunadamente, me ocurre sólo en las presentaciones internas dentro de la empresa, ambiente de “confianza”, con lo cual tengo margen de réplica y pueda reargumentarle a mi jefe, que es lo que acabo haciendo. Y la idea suele salir si realmente es buena, o desarrollarse con la discusión y mutar en otra cosa mejor. En estas cuestiones suelo ser bastante asertiva, a menos que perciba una incoherencia de conceptos que me resulte alarmante.

Por el contrario, me pasa frecuentemente que un ejecutivo me llega con un encargo de un cliente en el que se incluye una corrección de un texto determinado por su parte, con la consiguiente cagada del cliente, sea incorrección gramatical, pobreza léxica o falta ortográfica… Ahí es donde se me levanta el turbante y me pongo talibán total, donde sería capaz de arrojarme a las vías del tren, donde quemaría Troya con un mechero si me dejaran, donde me levanto de la silla y grito, donde argumento hasta la saciedad lo que sea preciso…

 

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Porque al fin y al cabo es un plano objetivo, normativo, donde hay verdades y errores; y donde nos jugamos un trocito de la cultura de toda la sociedad. Cada vez que veo un ‘tú’, pronombre personal, sin tilde, y gente a la que le resulta indiferente, recuerdo la obra 1984 de Orwell, donde se hace una profunda reflexión sobre el empobrecimiento de la imaginación producido como consecuencia del empobrecimiento del lenguaje (a lenguaje más pobre, metáforas más romas y discursos menos originales y más alienados/alienadores).

Que sí, que sólo es una tilde, pero es un detalle por el que se empieza lo que puede ser más grave, una rayita aparentemente sin importancia en un momento en el que la figura del corrector pierde terreno ante la urgencia de la información de última hora. Ese discurso de ‘no-hay-tiempo-hay-que-sacarlo-ya’… sin percibir la triste verdad, por otra parte, de que a mayor cantidad de informaciones urgentes, más ruido y más pobreza comunicativa. No sólo perdemos lenguaje, sino que encima perdemos la capacidad de filtrar mensajes y, por consiguiente, de gestionarnos una realidad propia adecuadamente.

Primero se empieza con una tilde, no tiene importancia: luego una palabra escrita incorrectamente, no pasa nada que, la gente es así como la entiende; después un verbo mal conjugado, así suena mejor; más tarde es una frase equívoca, bueno, qué más da, si se comprende con el contexto; luego un mensaje encubierto… Y quién va a sospechar de adónde se quiere (y mucho menos, que se quiere) conducir a la gente con lo que se ha dicho… Es como aquella cita erróneamente atribuida a Bertolt Bretch (es de Martin Niemoeller, pastor protestante, dicha en 1945):

Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron a por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron a por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron a por mí, y ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

Así es como se pierde.

Y no es sólo que el lenguaje evolucione, que debe hacerlo, como se supone que deben, en cierto modo, de ser las leyes, adaptando la norma al uso del pueblo… Es que además se empobrece. No se deje nadie engañar, no, por la falacia de la operatividad de la economía del lenguaje, que lo que hace es eliminar esos aparentemente pequeños matices, que modifican totalmente la recepción del mensaje, puesto que el mensaje no sólo es el qué, sino también el cómo, el por dónde, el desde dónde, el hacia dónde… Recuérdense las funciones del lenguaje y compréndase por qué no sólo se trata de hablar o escribir.

Jo, estamos perdiendo. Y no sólo es una “herramienta”. Es mucho más. Es un aspecto de la identidad, pues el lenguaje tiene un papel primordial en la creación de las estructuras mentales, mediante las que luego procesamos el mundo, y recibimos (u obviamos) los estímulos que nos configuran como una persona u otra dependiendo de nuestra respuesta, determinando nuestro modo de coexistir con lo que tenemos alrededor.

Esto era yo un martes por la mañana escuchando a Blondie, dejando volar la mente aprovechando el inicio del proceso creativo para dar con un nuevo eslogan para un canal de televisión, y fantaseando (averigua por qué) con monstruos hipertrofiados, al hilo del reciente estreno de Transformers. Y me he acordado de aquellas películas, ahora frikis y otrora exresiones de una época, de la factoría Toho: Godzilla, Gamera, King Ghidorah, Mothra… Entrañables criaturas, generadas por la supuesta radiactividad y producto del colapso psicológico japonés de la posguerra, que aún sigue recolgando en los relatos nipones de las últimas décadas… Quién sino la primera y gran víctima de la bomba atómica podría concebir semejantes distopías postnucleares y mundos futuristas apocalípticos: Akira, Wolf’s Rain, Ghost in the Shell, Trinity Blood, Evangelion… Ninguna otra cultura ha dado al mundo tal cantidad de Armagedones y bichos asesinos, constituyendo toda una mitología propia en tan poco tiempo (escasamente, la segunda mitad del siglo XX).

Y con lo de la radiactividad aquella de la que nacían los bichos asesinos, caía en la cuenta del terremoto registrado en el país del Sol Naciente hace apenas unos días, y que había afectado a una central nuclear sin que, en principio, hubiera producido riesgos importantes. En principio… porque finalmente sí que se ha producido una fuga radiactiva, aparte de quedar irreconocibles grandes sectores de la ciudad de Kashiwazaki.

A pesar de lo preocupante del accidente nuclear (como todo accidente nuclear es), no es raro para los japoneses lo de que el suelo se les mueva debajo de los pies sin quererlo. No hace todavía demasiado del atroz terremoto que fulminó Kobe. Lo que es llamativo es la capacidad de un pueblo de convivir con la fatalidad, y no sólo seguir siendo uno de los países a la vanguardia del desarrollo científico y tecnológico (o quizá precisamente por eso), sino de ser capaz de capitalizar semejantes acontecimientos sacando una contrapartida creativa que parece no tener fin.

¿Un ejemplo? Quizá. Tampoco hay que olvidar que Japón pasa ahora mismo por un momento de desintegración de los valores colectivos y de crisis de identidad que fomenta todo tipo de “perversiones”, según afirman algunos. Aunque quién sabe, tal vez sean (de nuevo) ejemplos de creatividad en la experimentación con uno mismo, su cuerpo y las relaciones que entabla (o no entabla, recuérdese el fenómeno de los hikikomori) con el resto. Averigua qué les pasa por la cabeza.

En fin. No pienso continuar con esta reflexión, ahí están los enlaces y que cada cual saque sus propias conclusiones. Yo sigo en busca de mi eslogan.

 

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(¡ains!)

Para lectores con tiempo y estómago, aquí un textito de la Iglesia de Navarra.

Moraleja: cuídate de la política y de esas cosas del pensar ideas más allá de tu doctrina de feliz cristiano, y por si fuera poco, de compartirlas o de llegar, oh, a poner cualquiera de ellas por encima de los dogmas de tu Iglesia que tanto te quiere y te deja, por ejemplo, morir de SIDA… O morir de cualquier otra de las muchas formas en las que te abandono a tu suerte, esta, la garante de tu Dios en la tierra. Eso sí, si tienes oportunidad, vota Falange que mola mazo y es muy digno, sí sí, los de la Falange esa que pone carteles abogando por la limpieza de sangre y la pureza de espíritu (español, claro).

Ya sabéis, como bien se dice en este simpático texto: El que cree se salva, el que no cree se pierde. Lo mismo que aquellos otros.

Dios nos libre de los predicadores.

Posdata: menos mal que, aparte de cuatro píos, esto no se lo lee mucha más gente que yo cuando tengo ratos tontos en el currele.

 

Hoy jueves he comenzado a despedirme de mis compañeros repartiendo, a modo de herencia, algunos de mis juguetes. Ya sabéis, esas cosas tontas que pueblan la mesa de uno y que van aumentando en número conforme se acumulan los días del calendario en un mismo puesto de trabajo… Aviones promocionales de TNT, montajes de Photoshop pegados en cartón pluma y firmados por los compañeros con ocasión de cumpleaños y demás, postales de navidad graciosas que perduran estación tras estación, muestras de regalos promocionales de algunas campañas… Entre estos últimos está mi San Blas de Dubrovnik, del que ya escribí en alguna ocasión, y que es sin duda de todos el más querido junto con las cositas que me ha ido regalando Amores (y que son las que me llevo conmigo).

He llegado a pensar si no sería mejor dejar a mi representativo San Blas allí, porque tal vez es dentro de esa oficina donde tenga significado… O quizá no, quizá deba llevármelo para recordar las jornadas de trabajo agradables de risas y de imposibles surreales que he vivido y que no son más que metáfora y metonimia de la propia vida. No sé, quizá lo decida mañana sobre la marcha… Mi San Blas. Recuerdo que cuando al fin conseguí esa estatuilla fue la misma sensación de haber ganado un Óscar. ¿Habrá alguien capaz de darle el sentido que yo le he dado todo este tiempo? El tiempo pasa muy deprisa, y las personas todavía más; a lo mejor se encuentra solito, como un objeto más entre tantos, cuando hayan pasado los años y ya nadie se acuerde de ‘El Idioma de la Financiación’. No sé.

Qué apego le cogemos a los objetos, ¿no?

Hoy he vivido el día desde un suburbio de mí misma, tomando consciencia de mi marcha y pensando en cómo voy a echar de menos las caras y los gestos. Las cosas buenas que me gustaría decir, pero que me voy a guardar, serán un tesoro que conservaré para siempre conmigo, y que será, seguramente, el punto de partida desde el que sospechar que la vida pudo no ser vida sino sueño o invento. Cosas. Amor. Desgana. Laxitud de los jueves por la tarde y sonrisas de ejecutivos de cuentas.

Mis queridios ninios, en su mayoría rojos titiriteros, y a vosotros también, amigos poetas, sin duda comicastros masones… ¿Para qué hacer juicios sobre determinados personajes si sus palabras ya dicen sobre ellos todo lo que uno necesita? Gloriosa página que recopila los mejores momentos de verborrea del ínclito Federico Jiménez Losantos.

Lo más vergonzoso en medios de comunicación desde Urdaci.

Recomiendo al lector que interprete estos contenidos como chistes propios de gags humorísticos preparados a tal efecto por un mal aspirante a periodista con vocación frustrada de monologista del Club de la Comedia.

Indispensable en vuestros favoritos.

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El paso del tiempo es una condenada arma de doble filo, sobre todo cuando en su transcurso las situaciones desagradables no se extinguen, sino que permanecen hasta que uno las acaba incorporando a su normalidad cotidiana. Sin ánimo de frivolizar sobre el fenómeno de los maltratos a los débiles (mujeres o whatever), debe ser parecido a cuando uno se acostumbra a que le traten mal y lo ha vivido tanto que ya le parece natural… Hasta que un día acaba en el hospital o algo aún peor. Entiéndase la metáfora en la escala apropiada, por favor.

Lo primero de todo es que uno tiene que ser honesto consigo mismo y no perder de vista la medida de las cosas. Hasta ahí he llegado con suficiente éxito como para que mis sensaciones no remitieran ni cambiaran en dos años, con las batallas interiores que eso me ha costado. Y ahora que me voy, en mi segundo intento en un mes, después de un supuesto gesto noble por parte de la empresa (en el que por cierto ella no salía en absoluto perjudicada, ironías, no lo vendamos como sacrificio si ha sido lo comido por lo servido), los comentarios relativos a mi desagradecimiento por parte de los compañeros más allegados me sorprenden, me inquietan y me hieren. Bastante.

Sé que es mala suerte que la gran oferta llegara ahora, precisamente, pero era delito punible no aceptarla. No soy capaz de agachar la cabeza y aguantar, adaptarme. No me adapto. No soy una persona corporativa. No entiendo de pagos morales. No respondo a chantajes emocionales. No detengo mi camino si no quiero detenerlo. No sé engañarme. No sé contarme cosas que me hagan sentirme mejor para estar a gusto en un sitio en el que no lo estoy. Es como el que sale de la caverna de Platón para verlo todo como en realidad es, y ya no vuelve a ser feliz nunca, o cuando en Matrix te dan a elegir pastilla roja o azul y por tu elección te toca la vida perra de estar peleándote con cienes de Señores Smith que no se acaban nunca.

A la gente, por lo general, le aterra tener que tomar decisiones, le da un miedo horroroso ser libres porque la libertad entraña la angustia de determinar cada paso que uno da y la incertidumbre por el destino final. Con lo fácil que es amoldarse, si total, el cuerpo al final se hace a todo (gracias a Dios, no todos los cuerpos son iguales, y los distintos resultan ser los más bellos). Y claro, como “en todos sitios cuecen habas” ya tenemos excusa para aguantarnos si a nosotros nos escaldan. Así, seguro que vamos a llegar muy lejos, como Humanidad, digo.

Qué le voy a hacer, soy resistente. Soy yo misma. Soy así de egoísta, así de consecuente con mis principios. Tanto que resulto decepcionante para quien se forma expectativas. Ah, mi talento innato para la impopularidad…

Individuo A, sentado a su ordenador, perpetra el peor logotipo que se ha visto en mucho tiempo. Cuando no hace esto diseña webs de dudoso gusto (desde el punto de vista experto) o le cambia el color a su moto con el Photoshop. Le da consejos a todo el mundo sobre lo que tiene que hacer y en los tres meses que lleva trabajando aquí todavía se le ha escuchado preguntarle a un compañero: ‘no tengo nada, ¿necesitas que te ayude con algo?’. Llega todos los días media hora tarde (mínimo) hasta el punto de que si llaman preguntando por él, sus compañeros resignados advierten que su horario de entrada es diferente al nuestro: sí, él entra a la hora que quiere por la gracia divina y sus santos cojones. Se lastimó la muñeca y se cogió toda la Semana Santa de vacaciones. Se toma los incisos que considere necesarios en su jornada laboral, si es necesario para irse a tomar un café a media mañana con una amiga que visita el barrio. Vino como arte off line: y no sabe artefinalizar. Vino como ilustrador: y no sabe dibujar. Vino como experto on line: y no tiene criterios para unificar estilos. Cobra 28.000 brutos anuales. Promedio de cantidad de trabajo que resuelve del global de todo el departamento: 20% del diseño, 5% de los conceptos.

Individuo B, jefe. Nótese la diferencia del trato dispensado al individuo A y al individuo C.

Individuo C.

  • No tiene apenas tiempo para hacer un trabajo y hace lo que buenamente puede, resolviéndolo todo: pegas.
  • Pide más tiempo para resolverlo como se lo solicitan y que le despejen de otras cosas: pegas.
  • Solicita al Individuo C, jefe, que le aclare las prioridades de todos los encargos que le han llegado: pegas.
  • Se pone enfermo y se quiere ir a casa porque se encuentra mal: pegas.
  • No está de cara al público y quiere ir al trabajo con sus AllStars y unos vaqueros: pegas.
  • Se niega a tener que colaborar, sin cobrarlo, en un trabajo encargado a un equipo de freelances, tal y como se lo pide su jefe como ‘favor personal’: pegas.
  • Llega un día tarde de comer: pegas.
  • Bruto anual: sustancialmente inferior al del individuo A.
  • Promedio de trabajo resuelto: 70% de la redacción de textos, 75% de los conceptos.

Ironías. Muchos piensan que el Individuo C es un desagradecido por irse de su trabajo.

Afortunadamente, según estudios recientes, el 90% de quien pasa por esta empresa tiende a olvidarse pronto de su paso por la misma o a pensar que se ha tratado de un sueño o una película, en todo caso, circunstancia irreal. Un gran número de ellos lo omite en su C.V. siempre que sea posible.

Fragmento de comentario que le he hecho a Pablo en su blog, y que copio aquí para que no se me escapen cosas fundamentales:

si se rompe ‘españa’, ¿qué importa? otra cosa aparecerá, como otra cosa podría haber aparecido que no fuera ‘españa’ si la casualidad hubiera seguido otros derroteros… que no somos más que un pequeño átomo de este todo general que es y ha sido… y ‘españa’ no es más que un concepto labrado a través de los siglos, y que a través de los siglos puede volver a mutar, porque tú te mueres, pero la tierra seguirá existiendo, completamente ajena a ti, a tus principios a tus reconocimientos y sentimientos de propiedad. ante las etiquetas de facha, rojo sólo queda un apelativo: subnormal. subnormal el que las pone y el que las recibe y se las apropia. subnormal aquel que piensa que una nación es algo más que un sistema de ordenación de la convivencia del modo más satisfactorio posible para la mayoría, sin necesidad de deificar nociones tontas presuntamente trascendentales. y si hubiera que elevar algo a los altares, ahí debería estar la razón para obligar al mínimo común denominador de todos.

qué idiotez defender la ‘unidad’, y qué gilipollez aún más grande es defender, por ejemplo, eso (ese concepto) llamado ‘euskadi’ (y como ese tantos otros) y encima matar a gente, e impedir la libertad de obra y casi de pensamiento a otros muchos a los que no se mata pero se hace aún más daño que si se les dispensara la muerte, puesto que con la excusa de una idea absurda se les arranca lo que les debe corresponder como los seres humanos que son…

a mí todo esto que está pasando [esta crispación y eso, añado] me parecen tontadas de raquíticos mentales.

si imperara el sentido común y el verdadero sentido crítico que es el que te hace mirar a las personas como tales y valorar los hechos como meros hechos, nada de esto estaría ocurriendo, y ni tú ni nadie tendría que estar sintiendo vergüenza de nuestra humana condición.

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Recuerdo cómo nos impresionaba el retrato del Papa Inocencio X de Bacon cuando éramos más jóvenes. Ese quedarse mirando a no saber exactamente qué, intentando encontrar la expresión entre la atrocidad de las cosas que pueblan el rostro, como espejo de la mente humana. Esa falta de sentido, como la propia existencia, que si bien entonces no alcanzábamos a comprender del todo, pero que empezamos pronto a intuir. Ese terror solitario, el indescriptible miedo de la persona sola que se nos abría delante como un abismo que, a pesar de todo, no nos era completamente ajeno. Bacon destrozaba a Velázquez reinventando el personaje, mientras nosotros nos íbamos construyendo en torno a obras de arte y sistemas pensamientos ajenos que poco a poco, y no sin esfuerzo, asimilábamos para poder cimentar nuestro sentido crítico. De ese modo, despertábamos e íbamos tomando conciencia, al estilo del mito platónico de la caverna, sobre las cosas de alrededor como algo más que meros hechos. Todo merece valoración, y para poder valorar hay que tomar parte por alguna parte, y ser coherente luego con ello para poder sentir uno la ilusión de que su vida tiene una continuidad lógica, una secuencia con arreglo a un hilo argumental. ¿Cómo pensará Buenafuente que transcurre su hilo argumental? Sea como sea, seguro que transcurre (o él lo hace transcurrir, mejor dicho) de forma que le hace sentirse bien consigo mismo. Cierto es que nadie le ha designado como mesías de nada, pero está bien que, aunque pensemos que no necesitamos salvadores de nada, de vez en cuando alguien nos recuerde lo sucias que son a veces las cosas (aunque estas personas tampoco estén limpias del todo), y sea capaz de dejar a un lado los honores para hacer caso a sus principios. La parcialidad es casi inherente a un medio informativo en España, y es triste; pero el lector/oyente/televidente lo sabe, y de este modo consume lo que más le conviene y bebe de la visión del mundo específica que comparte. Los intereses son infinitos e inescrutables en su totalidad, pero hay uno que es especialmente dañino: el resentimiento. Defender nuestro entorno profesional del resentimiento, limpiarlo de bilis y anular la crispación para animar a la convivencia que personajes como Jiménez Losantos ayudan a minar cada día… Eso es lo que me llevo de hoy.

A ver… Veo asiduamente los informativos de Antena 3, por lo cual puedo afirmar que sé a qué me enfrento cuando enciendo la tele. Y no contenta con eso, no puedo decir que sean mis favoritos, pero tampoco se puede decir que me disgusten. Los veo en paz, los tolero y aprecio en su justa medida. Luego veo otros de otras cadenas y ya está.

Pero hay un caso específicamente madrileño en el que la información…

Ya sabemos que todas las administraciones y regímenes ‘meten mano’ en sus entes públicos audiovisuales, al igual que ocurre en los media privados participados por distintos lobbys, grupos de presión y organizaciones con ánimo de lucro del tipo que sea.

Pero el caso particular de Telemadrid… Sangra. Y es curioso, porque todos sabemos que apesta pero la cosa se comentahasta con naturalidad y se deja pasar; simplemente, en casa nos parece un coñazo infumable de un propagandismo que ni Alfredo Urdaci (quien por cierto hace unos meses encontraba trabajo, en calidad de gran fichaje, en un medio de comunicación, oh sorpresa, lo cual dice muy poco en favor de dicho medio) habría concebido en sus más húmedos sueños, y no lo ponemos y ya está, total, será por canales de televisión. Pero no debe ser así, por culpa de unos cuantos no se debe despreciar a todos los profesionales que están pasándolo mal en estos momentos y que, aún así, tienen que seguir con su labor porque tienen que vivir de ello.

Es curioso, la verdad, con Gallardón no estaba tan mal la cosa. Pasen y lean…

***

Trabajadores de Telemadrid comienzan un encierro

ningún miembro de la dirección del psoe participará en programas de telemadrid
Foto ampliada

Madrid, 5 feb (EFE).- Los trabajadores de Telemadrid comenzaron hoy un encierro que tienen previsto mantener hasta el viernes 9 de febrero, según fuentes de UGT.

La protesta fue convocada “ante el despido de un miembro del comité de huelga, la sanción a otros dos y el intento de coacción a los 922 trabajadores que solicitaron el sobreseimiento de los expedientes”, según un comunicado emitido hoy.

En el encierro participan los 35 representantes sindicales, comités de empresa de Telemadrid, Onda Madrid y el Ente Público RTVM, así como los delegados sindicales de CCOO, UGT y CGT, que “permanecerán recluidos permanentemente por turnos hasta el fin del encierro”.

Los encerrados denuncian que “en estos momentos nos encontramos con una empresa en la que la Dirección no cumple el Convenio Colectivo, no acata las sentencias judiciales ni los dictámenes de la Inspección de Trabajo”.

También critican “una gestión volcada en el control de la información y la difusión de su propaganda”, que la Dirección “fracasa en cada una de sus apuestas de programación; encarga a precio de oro programas rancios y documentales “militantes” a productoras “amigas”; ha aumentado en un 37% los cargos directivos del organigrama y ha contratado a cerca de 200 personas “afines” sin cumplir los requisitos de méritos, sin transparencia ni igualdad de oportunidades para todos”.

La Dirección del Ente Público Radio Televisión Madrid (RTVM) despidió al secretario general de la sección sindical de Confederación General del Trabajo (CGT) y sancionó con dos meses de empleo y sueldo al presidente del comité de empresa y a un miembro de la comisión paritaria, ambos también de CGT, después de la jornada de huelga del 5 de diciembre. EFE.

El calentamiento global, dicen, empezó hace varios milenios, cuando acabó la edad de hielo y dejó de haber mamuts, perezosos de ojos saltones, dientes de sable y ardillas graciosas que esconden bellotas.

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Y, dicen, la subida de la temperatura del planeta no es consecuencia de nuestros actos hasta el punto de ser sus responsables últimos, debido a lo primeramente expuesto. Posiblemente sí seamos causantes, al menos, de su aceleración, aunque quién sabe, si la meteorología está aún llena de misterios y una gran cantidad de fenómenos sigue sin tener explicación para nosotros…

Me cuesta mucho ser apocalíptica con esto, con la vivienda, con las teorías de la conspiración… con tantas cosas. Creo que el escepticismo es sano. Aún así, me sumo a la iniciativa de apagar todo lo que suponga un gasto de energía esta tarde entre las 19.55h y las 20.00h de hoy jueves 1 de febrero, aunque sea como acto simbólico de protesta ante muchas otras cosas que le hacemos a nuestro mundo, incluidos los seres humanos que lo pueblan.

Cinco minutos de silencio, reflexión, arrepentimiento. Cinco minutos para pensar en la naturaleza humana y en la validez del principio de que el fin está justificado por los medios: contaminación x desarrollo, guerras preventivas x seguridad, sobreexplotación x crecimiento… Cinco minutos en los que preguntarnos adónde nos lleva esta tendencia nuestra de construir, destruir, construir, destruir…

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(Este Age of Empires constante…)

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Uno se siente de verdad tan tonto cuando mira atrás y ve las cosas en las que se ha equivocado… Sobre todo, a uno se le queda especialmente cara de gilipollas cuando piensa en gente a la que ha ayudado y que luego le ha fallado sangrante y estrepitósamente. Claro, que de eso él sabe mucho más que yo, y se queja mucho menos porque es un bendito y tiene más honor y más moral que la gran mayoría de todos nosotros. A él que me escribe le escribo yo hoy, día de inicio de la semana en la que cumple felizmente años, aunque a personas como él habría que felicitarlas día sí y día también por ser como son, y darles las gracias por cómo saben llevar los desagradecimientos y a pesar de todo permanecer enteramente asido a una realidad que, poblada por quien esté poblada, es indiscutiblemente la suya, y permanecerá en ella por más tiempo que todos los demás. Él será el único que prevalezca, el que más crezca y el que más publique para, en proporción, dejar mejor obra, porque tiene más voluntad que todos, es más generoso y es sin duda mejor persona. Y yo seré feliz de verle ahí, mientras discretamente me retiro del escenario, porque yo no soy como él, no soporto las cosas que me hacen sentirme incómoda, sobre todo cuando además me hacen sentirme estúpida por perder el tiempo.

Cariño, feliz cumpleaños para esta semana y feliz no cumpleaños para todos los demás días de tu vida que no sean 31 de enero. Y como tú mismo dices: “Ojalá te mueras nunca”.

Es día de tirar la mano y esconder la piedra [sic]. Esta manica gordezuela y pequeña y torpe. Día en el que decirle a Sara cosas que duelen, después de que me trajera una flor, con la intención en vano de que… de que viva la versión de su vida a mí me parece adecuada. Qué egoísta es el amor.

Y qué horrible (en otro orden de cosas) es que a uno le amen sin consentimiento. No sé, de repente me he acordado de este pensamiento. Se lo leí a L. Durrell y me vi reconocida en él, reflejada en los más oscuros sentimientos de desazón que he sentido por culpa de otros en determinados momentos de mi vida. (Donosti 2004.)

Ah, qué cruel me siento. Pero, ¿por qué tendría que ser de otra forma? ¿Por qué o en virtud de qué hemos de merecer algo mejor, si como bien dice mi niña que dice Wittgenstein, “el mundo es como es y ocurre como ocurre”? Si no hay demás ni detrás…

The Killers - Smile like you meant it

Me fui a coger las vacaciones dedicadas a estudiar los exámenes de febrero, sin saberlo, justo en la semana en que se celebraba el Master de Snooker, una de las competiciones más destacadas del circuito. Qué cosas. Imperdonable haber estado tan desconectada, y ciertamente oportuna la coincidencia que me está permitiendo aliviar las lecturas y síntesis sucesivas de textos antropologicos con sesiones intermitentes de snooker en la Eurosport. Y yo que pensaba que el acontecimiento deportivo más importante de esta semana iba a ser, en la NFL, la final de conferencia que enfrentará a los Saints de New Orleans a los Chicago Bears…

Yo en lo mío del snooker… Tendrían ustedes que ver las patillas que lleva a día de hoy Ronnie O’Sullivan. Ni 147s, ni chinos increíbles, ni viejas glorias en decadencia… Olvídenlo y céntrense en los dos hamsters acostados que lleva Ronnie a ambos lados de la cara. En fin…

Stephen Hendry muy blandito y sin capacidad de resolver partidos, aunque con buen juego en general. El yayo Steve Davis flojete flojete, aunque peleón y listo como buen perro viejo. Ebdon derrotado por un imparable chino impasible, y dejándose en el tintero mucho más snooker del que nos ha dado en esta ocasión. Y un Ken Doherty igual de fino que siempre debe hacerle frente mañana a un imprevisible Ronnie. Posiblemente estos últimos sean mis dos jugadores favoritos junto con Hendry. Nota interesante: es posible que se produzca un nuevo emparejamiento Hendry-O’Sullivan, si Ronnie bate a Doherty y Hendry hace lo propio con Murphy… Qué morbo, después del abandono de O’Sullivan en diciembre (post de la sección de snooker justo anterior a este).

El caso es que en el afortunado devenir de esta tranquila y productiva semana, tanto a nivel personal, de puro cultivo del yo, como académico, de redescubrimiento de grandes y olvidadas zonas de masa gris en mi cabeza, me he topado de bruces con una cita de Max Weber, a través de Gil Calvo, que viene a decir algo tal que así:

“No se puede querer hacer de la propia vida una obra de arte, dejándose llevar por el subjetivismo de la propia personalidad, pues el intento premeditado de adquirir un alma bella está condenado a fracasar.”

Joder. Sí. Y la cuestión es que llevo ya suficiente tiempo con el planteamiento de la vida como una obra de arte como para haber caído sobradamente en la cuenta de que cuanto más lo intentas, más consciente eres de las pequeñas podredumbres que te pueblan, esas salidas involuntarias y desagradables que, sin embargo, tampoco te esfuerzas demasiado por evitar, en resumidas cuentas. El lado oscuro de toda la vida, vaya, que aflora tanto más cuanto más se intenta anularlo. La cosa pasará, digo yo, por asumirlo. Lo que promueve la filósofa Amelia Valcárcel: el derecho a ‘la maldad’, que quiere decir el derecho a ser una criatura mediocre y no tener que avergonzarse por ello. Porque nadie tiene la obligación de ser sublime, ni los demás el derecho de reprocharle lo contrario. Otra cosa es la superación personal y la voluntad cotidiana, el planteamiento de metas y la digna lucha por su consecución, pero despenalizando el fracaso y evitando por todos los medios caer en la dicotomía tan americanoide entre loser y winner, que viene de serie con todo el paquete cultural dispuesto para su consumo, que nos llega desde allí. Porque esto es póker, Texas Hold’em, unas veces se gana y otras se pierde.

Y esas cosas. Podría profundizar un poco más en ello, pero últimamente me salen unos posts larguísimos y además tengo que ponerme a completar un texto de Gil Calvo (bastante aconsejable, que lleva por titulo Nacidos para cambiar) con el quinto volumen, dedicado al siglo XX, de la Historia de la vida privada de Ariès y Duby.

¡Ah! Y además hoy me siento especialmente petarda, llevo todo el día con esta canción dándome vueltas y no me la despego:

ACHTUNG! PARIS HILTON

Ya han transcurrido 12 días desde que comenzara el 2007, suficientes para constatar que la gente sigue escupiendo lo mismo, aunque demostrando que pueden superarse en los modos de echar el gargajo… Las formas posibles de crear crispación son infinitas y su cultivo es un arte que, en algunos casos eminentemente mediáticos, sospecho, requiere incluso de un proceso iniciático con sus ritos de paso y todo. Y ya la tenemos otra vez montada, la cuestión es la vidilla que da el estar peleándose siempre por algo, aunque sea por el matiz semántico de dos palabras en una frase (ay, ridículos aspirantes a semióticos de pro que somos todos, leyendo nuestra realidad en contra de la de los demás, siempre). Y es que ni siquiera se puede acusar a nadie de que esté negando una evidencia, porque ya no tenemos certeza ni117.jpg sobre las evidencias ni sabemos lo que son; las evidencias son los principales subproductos de la realidad, que hacen que ésta se realimente a sí misma, y la realidad es una convención que se rompe cuando no hay acuerdo suficiente entre las partes sobre qué coño es lo que está pasando. Y ni siquiera es que haya dos realidades, si no que no hay ni una. Entonces, uno se da cuenta de que vivimos en la blandez de un mundo cambiante donde este “uno” ni siquiera es “sí mismo”, de tantas cosas que le pasan y de tantas cosas que se piensa y que le dejan y le ponen fuera de sí. Y entonces el sujeto acuerda consigo mismo hacerse budista en los ratos libres del curro, con ánimo de que rente más que ver vídeos del Youtube, al menos espiritualmente.

Y tras esta somera introducción, paso a comentar acontecimientos acaecidos desde principios de año que me han resultado especialmente significativos… Aunque, la verdad, me da un poco igual eso del presunto inicio de nuevo período, porque para mí el año siempre ha empezado en septiembre, con el curso lectivo y tras el stand by de las vacaciones veraniegas, y así sigue siendo. Así que si me dicen Noche Vieja, como si me dicen Año Nuevo Chino, que me viene a valer lo mismo.

En lo musical…

El 5 de enero, noche de Reyes, Pet Shop Boys ofrecieron su primer concierto en Madrid después de nosecuantísimos años, que dejó bastante contentos a los fieles. La actuación se desarrolló en el marco de un festival en el que compartieron cartel con Pastora y su pobre puesta en escena con una cantante que simula ser algo parecido a una puta drogada, la cual se supone que debe funcionar como especial reclamo del show; con las infames pero siempre divertidas Nancys Rubias (me pregunto por qué uso el femenino) con Nancy Mario Vaquerizo al frente; y con Fangoria, donde una Alaska de lúcida voz grave aderezó una actulosantos.jpg045d5dmgp1_1.jpgación bastante brillante con comentarios sarcásticos sobre los músicos del establishment que actualmente viven de la nostalgia de La Movida. Estuvo bien, mi cariño por la señora del pelo naranja revivió… hasta el martes, cuando Toño me contó que es colaboradora de Jiménez Losantos en la Cope, y me dio tal yuyu que se me vino todo abajo. Ya no entiendo nada. La realidad es líquida.

En lo literario y deportivo…

Hace unos pocos días se falló el Nadal de Novela, que fue para Benítez Reyes por una sátira de las novelas de intriga y mística-ficción al estilo de El Código Da Vinci y vamos andando. Y no me la he leído ni tampoco creo que me la vaya a leer, pero puedo 210-100-226.jpgasegurar que la derrota de los Dallas Cowboys en los playoffs de la NFL hacia la Superbowl me parece noticia de mucha más relevancia. Espero que al menos los Saints de New Orleáns lleguen lejos, aunque va a tener razón Toño, y se la va a acabar llevando San Diego. Tienen un gran running back, Tomlinson. Pero los Saints me caen tam bien… ¡The Saints are coming! Al tiempo, que no falta tanto. En febrero hablamos.

Pero volviendo a lo literario, hay que ver en qué recovecos más estrechos o más manidos se encierran las historias que han de ocupar su lugar en la lista de un premio, cuyos ganadores quedan anotados en ‘letras de imprenta’ para la posteridad, condenados a la reedición amén de su calidad (aunque no se engañen, que los premios también se olvidan y al cabo de un par de décadas se puede quedar fuera de catálogo lo que usted menos se imagina) con la cantidad de temas, de circunstancias personales individuales y sociales, de planteamientos y de visiones que todavía nos deja la realidad que vivimos y que vamos confeccionando nosotros mismos al vivirla.

Estoy con Pepe Ramos y María Eloy contra los apocalípticos que aseguran que los temas se han agotado, que ya no hay nada sobre lo que escribir, que todo se ha dicho y que encima no quedan puntos de vista vírgenes. Pero gracias a lo que sea, de repente aparece algún Houellebecq que te lo cuenta diferente y te habla de la vida que vives, y es nuevo, y es fresco. Lo que está impepinablemente podrido por falta de oxígeno es el panorama narrativo español, que lleva ya unos cuantos años experimentando necrosis progresivas por diversas partes. En el poético al menos parece que se desarrollan poco a poco las propuestas híbridas que integran las nuevas tecnologías a los recitales… (Al fin y al cabo, la poesía se supone que debe encontrar su ser en el contacto con el público, por aquello de la lira y demás, ¿recuerdan?) Que otra cosa es, claro, las novedades en el discurso…

Y es que, según qué premios, se los lleva la polilla más que el propio ganador. Eso de que uno sea hijo de su tiempo sigue sin mirarse demasiado bien en muchos círculos y me temo que, a pesar de que futuristas y otros personajes hicieran de las suyas a principios del XX, apple_macbook_white.jpghay que reivindicar de nuevo la máquina dentro del poema, entre otras muchas cosas. Hemos retrocedido, humanidad. Qué envidia que dan las artes plásticas, por favor, en este aspecto. Quizá de ahí el sincretismo de la presentación poética con otras técnicas propias de otros artes… Quizá porque la poesía no puede evolucionar por sí sola (no la dejan) y necesita ir de la mano de otras artes que ya lo han hecho…

Por eso tengo que animar a todos los que se esfuerzan en buscar nuevos lenguajes, aquellos a los que su sentir les empuja más por este camino difícil que por el de la excelencia en lo trasnochado. Y no me refiero a la simple expresión de la sentimentalidad, que es tan sólo una de las patas del banco, sino a la riqueza de los temas, al modo de expresión, a la imagen, al punto de vista…

En lo político…

Joder qué cansancio ya con las mismas putas cosas, la misma desgana por hacer las cosas bien y el mismo egoísmo desaforado. Una pataleta de tres años de duración que nos está jodiendo a todos y que está haciendo el aire aún más irrespirable de lo que ya era en los 279115_2.jpgúltimos años de la última de sus legislaturas. Claro, que la “pogresía” tampoco te pone las cosas fáciles para alinearte con nada más que contigo mismo y con lo que tú puedas hacer para buscar el bien de la humanidad. Y en parte esto último es bueno, porque si sus acciones fueran 100% defendibles, ahora estaríamos todos en las calles levantando adoquines y cosas todavía peores, dadas, además, las bajas temperaturas a las que es capaz de hervir la oposición.

En lo urbano…

Comienzan a inaugurarse los túneles de la M-30. ¡Bien! ¿Quién se apunta a “Pánico en el Túnel”? Próximamente: “Crónica de una asfixia anunciada” cuando abran el MetroNorte y tenga que meterse ahí tooda la gente que viene del MetroSur y del MetroCentro.

En lo tecnológico…

¿iPhone?

En lo culinario…040623nattoumaki.JPG

Humanidad, ya sé preparar nori-makis, esos pastelitos de arroz rellenos de vegetales o pescados, envueltos en alga negra, que ponen en los japoneses.

Y para acabar…

Como premio a los que hayáis leído hasta el final este post, demostrando vuestra grandeza de espíritu, una cancioncina de unos tales que se hacen llamar Lostprohets, que me mola mucho.

Y de propina, el de Moby con Debbie Harry (Blondie), para que toda la muchachada se parta el ojete de reir.

Las fotos (en un recuadro a vuestra derecha) dan buen testimonio de lo que supuso la noche, de cómo la extrañeza frente al paso del tiempo y la pereza dejan paso al sentimiento de exaltación de la amistad que inevitablemente se produce en el individuo a partir de la tercera/cuarta copa, y que siempre es bienvenido por cálido y bonito… Cuando se te pierden en la memoria las laceraciones de los roces cotidianos y por un instante ves personas que, en ese momento, no tienen (al menos demasiada) necesidad de jugar a ese juego que… que nos convierte en otros, en personas que no nos gusta ser. Nuestro Monopoli particular.

Barra libre, perreo y pop español, y noticias del insospechado pasado de tus compañeros. La gente tiene la extraña costumbre de haber hecho otras cosas antes de que tú les conocieras. Y claro, cuando pensabas en ti y en que tu pasado se te antojaba lejano, olvidabas que los demás también tienen el suyo… Y que puede ser sorprendente. En el pasado, en la memoria, en los hechos de cada cual, es donde más posibilidades hay de descubrir el lado humano, la persona que realmente es. Qué gusto salir de uno para llegar a los otros.

Pero no todo puede ser idílico… Esta mañana, directamente, me quería morir según he hecho ademán de levantar la cabeza de la almohada.

Me voy a la fiesta de Navidad de la empresa, y justo en el último momento, ya vestida y preparada, me entran unas ganas terribles de quedarme en casa, y empiezan a desfilar por mi mente fiesta similares anteriores: la de hace un año, la de hace dos (en la revista), la de hace tres (en la radio), la de hace cuatro (en la radio también)… Y de repente me invade la sensación de que hace mil años que sucedió cualquiera de aquellos acontecimientos, y me parece mentira que quien los vivió fuera la misma persona que ahora escribe haciendo tiempo antes de salir. Es como haber vivido mil vidas, como un desdoble de personalidad perverso, no sé si os ha pasado alguna vez. Ahora, frente al ordenador, todo me parece lejano porque queda poco de todo ello, y me pregunto si dentro de un tiempo, justo antes de acudir a la fiesta del año que viene, o del siguiente, o del siguiente del siguiente, me pasará lo mismo y volveré a sentirme desdoblada. Y me entra un vértigo tremendo, porque además de no tener ni idea de dónde estaré, ni siquiera sé dónde quiero estar para entonces, y me vuelve el agobio de siempre.

De siempre de salir de casa para ir a una fiesta de Navidad. Qué tiempos tan extraños.

Co2005_09_teletubbie.jpgn el frío, una inmensa mayoría tenemos la costumbre de regresar al hogar después del trasiego diario y colocarnos esa especie de piel de teletubbie, a saber, el pijama, uniforme oficial de andar por casa. Tejidos blanditos y esponjosos que, acompañados de calefacción y mantita, convierten al hogar en una experiencia única: la del invierno calentito.

Una vez nos ponemos el pijama, el mundo exterior queda relegado a un borroso segundo plano y cualquier actividad que necesite ser desarrollada fuera de las fronteras del piso o casa es postergada irremediablemente hasta otro día. Una pena no haber pensado antes en comprar pan, pillar tabaco o echar esa carta, pero ya no tiene solución. ¿Por qué? Porque nos hemos puesto el pijama.

Para nosotros esta prenda, denominada por muchos también ‘esquijama’, marca una diferenciación clara entre el espacio público y la esfera privada. En el reino del pijama tenemos control sobre todas las cosas: son nuestros dominios, único rincón de la Tierra donde podemos lucir con sosegado orgullo las zapatillas acolchadas de Chip y Chop. Por el contrario, el exterior es el espacio del zapato duro y la imagen proyectada, donde la inclemencia de los elementos nos condena a imitar la naturaleza de la cebolla.

Cuántas veces no hemos sentido la tentación, de tan segunda piel que parece, de llevarnos el pijama con nosotros al mundo de ahí fuera. Y cuántos no son los que