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Releo los grandes momentos de El Ponente, mientras él canturrea de fondo las cancioncillas de Pepe Domingo Castaño. Y me vuelvo a reir con todo porque este mundillo poético, desde luego, sigue siendo igual. No cambia nada.
El mundo de la blogosfera es inabarcable. No me he molestado en buscar estadísiticas de los blogs que se abren diariamente a lo largo y ancho del mundo, por dos razones: 1) me da pereza y 2) sencillamente son un montón.
Y precisamente porque el internauta medio tiene que afrontar estos dos factores, se agradecen sobremanera las iniciativas de compilación y selección de contenidos que nos hagan la navegación, y la lectura, más cómoda. Sistemas que busquen lo interesante, y a los que dirigirnos para recoger esos artículos buenos, directamente, sin tener que estar separando la paja del grano uno mismo.
Es decir, herramientas que, simplemente, nos traigan hasta nuestras pantallas las “perlitas” de la blogosfera. Así nace perlitas.es, una iniciativa abierta a la participación, donde los usuarios pueden mandar artículos encontrados en sus blogs preferidos y votar por aquellos que consideren más interesantes.
Un nuevo enlace que agregar a nuestros favoritos, con la firme vocación de constituir un referente en nuestro repaso web cotidiano.
Lo normal no existe. No hay una realidad unívoca y universal con la que nos podamos vestir e interpretar los significados de cada cosa. Lo normal somos nosotros, porque lo que quiera que estimemos como ‘normal’ está en nuestras cabezas, y no es otra cosa que un estado de la mente que puede desmantelarse en cualquier momento. Cuestión diferente es hasta qué punto cada cual se puede o se quiere aferrar a sus puntos cardinales; porque da demasiado miedo pensar que el mundo no es como lo pensamos.
J. G. Ballard ha sabido detectar esta tendencia humana, analizarla y explotarla a través de su obra, dando lugar a algunas de las “pesadillas de lo posible” más pavorosas y seductoras que se han creado. Historias que trascienden el presuntamente reducido marco de lo que se viene a llamar “ciencia ficción” y que se alojan en el único universal posible: el miedo. Porque todos tenemos miedos. Y cuando analizamos todos y cada uno de estos miedos, llegamos a la conclusión de que en su raíz estamos nosotros mismos.
El miedo a uno mismo y al semejante. Porque, insistiendo en la misma idea con la que comenzaba este post, es en nosotros donde nace la realidad y es en nosotros donde se rompen las condiciones de habitabilidad del mundo que nos rodea. Y Ballard nos ha hecho ver, dentro de todas las posibles rupturas, la peor de todas: la degeneración paulatina, mostrada magistralmente a través de la evolución psicológica de sus escenarios y de sus personajes, tanto individuales (Crash) como colectivos (Rascacielos), bañándonos de desconcierto en piscinas vacías (Hola América), tiñéndonos de líquenes en planes de vuelo imposibles (Compañía de sueños ilimitada), llenándonos los bolsillos de drogas inútiles y sexo desviado (SuperCannes), haciéndonos huir por carreteras híper transitadas de donde nadie nos recoge (La isla de cemento)…
Si otros autores han sabido sacarle partido al vacío, la soledad, el silencio… la poética de Ballard se nutre de masificación, de tráfico en hora punta, de cercanía a elementos y personas que resultan no ser como habíamos creído. Porque no somos, ninguno, y en definitiva, como los demás creen que somos. Ni siquiera como nosotros creemos que somos. Dicho así suena a topicazo, pero se necesita una mirada distinta, privilegiada (o desviada, o pervertida) para apreciarlo con determinado punto macabro.
Es el retrato gótico del “cada día”, donde se han hecho románticos los coches accidentados y las gafas de sol rotas, los carros de la compra oxidados y todas las máquinas de volar que el hombre ha inventado y está aún por inventar.
Ballard nos ha dado todo esto: nos ha dado a nosotros mismos. Y ahora espera a que se le termine de comer el cáncer, quizá triste por no poder escribir más cuentos… O quizá tranquilo por abandonar este parque de infecciones y reunirse con Mary y su bondad de mujer, para sobrevolarnos por siempre a los mandos de un Cessna que ya jamás se estrellará en ninguna parte.
Goo Goo Dolls - We are the normal
Mientras el abstencionista se esfuerza y se esfuerza por denfender su causa, producto del desengaño político, vía Menéame me llega una iniciativa notoria dentro de la anodina campaña electoral que se nos viene envima: Vota Cthulhu. Porque, ¿para qué decidir entre el menor de los dos males, o abstenerse de ejercer el sacrosanto derecho al voto, si se puede tener la más cruel de todas las opciones?
Toda una lección de frikismo y creatividad, de imaginación y sátira política.
Aunque, quién sabe, igual el Cthulhu presidente tendría más que ver con el de la interpretación libre del monstruo ancestral de Lovecraft, realizada bajo el título de Hello Cthulhu.
Y como alguno de vosotros seguramente aún se esté preguntando quién carajo es Cthulhu, os remito a la obra del genial escritor de terror H. P. Lovecraft y su libro La llamada de Chtulhu (The Call of Cthulhu). Y si os da pereza leer, os podéis hacer una idea del bicho y su personalidad con uno de los geniales capítulos de todo un clásico de Youtube a estas alturas: Calls for Chtulhu.
Ustedes lo disfruten.
(Voy a conseguir hablar de este libro sin decir nada de poesía en la calle ni mencionar la cita de Violadores del Verso que lleva en su poartada.)
Habemus nueva editorial. Es lo que tiene, muchos de aquellos que aman la literatura acaban iniciando proyectos encaminados a poner en el mercado justo lo que les gusta leer, y si se ganan unas pelillas, mejor. Por nuestra parte, sólo se puede desear toda la suerte del mundo a los valientes, en este caso a las personas que están echando a rodar el proyecto llamado Cuerdos de Atar.
Por su parte, nos llega una antología de poetas underground (con todo el riesgo que entraña usar esta palabra cuando nos referimos a literatura, por tanto cliché manido) que viene a ser un poco de lo mejor de cada casa. Pepe Ramos, Pablo García Casado (os juro que no me paga comisión, es que me gusta mucho lo que escribe), Vicente Luis Mora, Luis Felipe Comendador, Javier Corcobado, Karmelo Iribarren… La lista se prolonga hasta un total de 53 poetas con sus diferentes propuestas.
A pesar de que a muchos de nosotros se nos levanta la ceja cuando alguien nos habla de una antología, del género que sea, en este caso no deja de ser un estupendo escaparate de armas literarias arrojadizas dispuestas a pegarle a uno en toda la boca del estómago (por poner).
Más datos:
¿Cómo se llama el libro? Poesía para bacterias
¿Dónde me lo compro? En librerías o a través de la web del sello editorial.
Si voy a mi librero, ¿qué referencias le doy? Editorial Cuerdos de Atar, colección Bala Rasa.
Pablo me repite relativamente a menudo que se me nota el gusto por la poesía “ensayística”, reflexiva, de tesis, esa poesía “conocimiento”, en supuesta contraposición a la lírica de las formas. Pero es que los pensamientos, cuando se vehiculan a través de las metáforas acertadas, tienen también su música.
Y no una música que salga sola del poemario de orfebrería de turno que despliega el brillante sonido de sus campanillas frente al extasiado lector, sino una música íntima, más sucia y con más sustancia que digerir, que se realiza en el lector, porque se produce dentro de su propia cabeza, cuando los reconocimientos, las rabias y las bilis reaccionan durante el solitario vicio de la lectura. En estos casos, suele tratarse de una armonía tan desigual como la propia vida que describe y que interpreta, configurando un mapa del mundo y de las relaciones humanas que contrasta con el idilio de las proporciones en otros estilos poéticos, con los que jamás me he sentido cómoda en la lectura ni identificada en la escucha.
Me gusta que me hablen de los lunes, de la lluvia en el parabrisas que impide pensar al que no sabe lo que busca, de sexo en sábanas de las que se ensucian de verdad con los fluidos pertinentes. Que me cuenten que las cajetillas de tabaco han sustituido a los exóticos pámpanos, que los discretos accesos de ganas de morir en los semáforos o en las consultas de los dentistas se han impuesto al dorado amor y su recurrente atardecer… Qué se yo, esas cosas.
Claro, que todo esto son preferencias personales, no exentas de generalización (pecado que asumo de forma consciente), porque evidentemente esto no es un tratado de literatura moderna, sino un modesto post con el que trato de contextualizar e introducir dos libros que me han impresionado muy gratamente en los últimos tiempos, y que además son de reciente publicación.
A saber:
Pablo García Casado, Dinero:
-
Jorge Martín, Más X que un sex shop:
-
Anotad estos dos títulos, y si vuestro humor o estado de ánimo coincide en algo con lo que vienen siendo mis gustos personales, corred a comprarlos.
Lo más sublime de lo urbano y la miserabilidad del día a día se mezclan con la ternura, el sentido del humor, la nada razonable humedad del sexo siempre necesario y los peores procederes posibles de cara a ser una persona respetable, para dar como resultado la reunión artística más esperada de los últimos tiempos. *
A saber:
PEPE RAMOS & JORGE TINOCO
En el espectáculo:
“poesía a pesar de todo”
que presentará esta humilde servidora en:
Jazz Bar Malatesta
C/ del Olmo, 3 - Lavapiés
Domingo 25 - 21:00 h.
*NOTA: definitivamente sí, podría haber hecho varias frases mucho más cortas, pero no me ha dado la gana. He preferido complicarme con adverbios, enumeraciones y subordinaciones porque soy así.
Corte Inglés de Serrano, sección librería. Transcripción aproximada de fragmento de conversación con Dani sobre libros.
DANI: ¿Y te has leído Cien años de soledad? Me refiero, ¿te lo has leído hasta el final? ¿Entero?
AURI: No, no he podido acabarlo nunca.
DANI: ¡Como yo! ¡Como todo el mundo!
AURI: Sí, debe de ser algo como ocurre con Proust, que había por ahí un chiste que decía que nadie se había acabado los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido salvo el propio Proust.
DANI: Ya, y aún así…
AURI: Cierto. De hecho, los dos últimos volúmenes podrían ser Lorem ipsum* y nadie se habría dado cuenta nunca.
*NOTA: Lorem ipsum (abreviadamente, lipsum) es el texto que se usa habitualmente en diseño gráfico en demostraciones de tipografías o de borradores de diseño para probar el diseño visual antes de insertar el texto final. No significa absolutamente nada. Ejemplo. (Fuente: Wikipedia)
He puesto en la cabecera una ilustración de Mayu Shinjo, una de las autoras de shojo manga más famosas y apreciadas (aunque dicho sea de paso sobre sus historias, leída una, leídas todas… aunque me entretiene cantidad). Es del manga El amante Dragón, nueve tórridos tomos en los que un capo de la mafia de Hong Kong se debate entre el poder para controlar el mundo y el amor verdadero. Todo así como muy de andar por casa, vamos.
Y me voy corriendo a ver Muchachada Nui.
Pa friki yo.
Trinity Blood es un comic formidable y uno de los mejores animes que he visto en mucho tiempo. Pero, además, y originalmente, es una historia de un autor de novelas gráficas japonés llamado Sunao Yoshida, que falleció tristemente en 2004 por una enfermedad respiratoria a la temprana edad de 34 años.
No obstante, le dio tiempo dejar tras de sí una buena colección de libros que cuentan las historias de una Tierra futura post-armagedónica donde existen varios grupos con serias dificultades para convivir entre ellos: los humanos (llamados “terranos”) que controlan el Vaticano y el reino de Albión (la antigua Gran Bretaña, más o menos), los vampiros (llamados “matusalenes”) que viven en el Imperio (aproximadamente lo que en su día fue el Imperio Romano de Oriente) y los Rosa Cruz, que son los malnacidos que quieren acabar con lo que queda de mundo e impedir que exista ningún tipo de acuerdo de coexistencia pacífica entre humanos y vampiros. Y finalmente, los Kresniks, que son una raza especialmente creada para la colonización de Marte que se dislocó un poco, en plan replicantes de Blade Runner, y que por decirlo de algún modo se zampan a los vampiros, alcanzando pues la cúspide de la pirámide alimenticia del universo de ficción de Yoshida.
Todo este rollo, junto con mi euforia desmedida, viene a cuento de que hoy, 18 de septiembre, se publica en España la primera de las novelas que componen el ciclo de Trinity Blood, a cargo de Timun Mass, dentro de su colección Genko Books, que se dedica a traer a España novelas gráficas japonesas. ¿Y qué es exactamente lo que se entiende en Japón por novela gráfica? Pues el libro “con santos” de toda la vida, es decir, novela con muchas páginas de texto y algunas páginas de dibujos intercaladas.
Y en esta ocasión, los dibujos son una auténtica maravilla, a cargo de Shibamoto Thores (ligeramente diferentes a los del manga y el anime, menos dulcificados). Ni qué decir tiene que si me da tiempo, a última hora de esta tarde ya deberé tener en mi poder un ejemplar del primer título de la serie: “La estrella de la desolación”.
El gafas es el Padre Peter, aka Abel, un comevampiros de pro.
El que está ahí arriba se llama Sha Gojyo y tiene el pelo y los ojos rojos porque es hijo de un demonio con una humana, es decir, un niño tabú. Es también este de aquí abajo:
Amén de mitologías que para el caso a la mayoría os son totalmente ajenas, es un personaje sumamente complejo para lo que uno suele encontrarse normalmente en un manga, como lo son sus compañeros de viaje hacia el oeste. Sha Gojyo es uno de los protagonistas de Saiyuki, serie de Kazuya Minekura, que es una adaptación súmamente libre del clásico de la literatura china Viaje al Oeste - La leyenda del Rey Mono.
Una obra que por alguna razón debe de fascinar bastante a los japoneses, puesto que es la segunda gran adaptación al cómic que se realiza (la primera, mucho más conocida, fue a cargo de Akira Toriyama y no es otra que Bola de Dragón).
Estos personajes conforman un grupo heterogéneo, en un viaje iniciático, con piezas que reunir y enemigos a diestro y siniestro… temas y lugares comunes sobre los que Vladimir Propp tendría bastante que decir. Pero las claves del relato de Minekura van más allá del periplo de la obra original y de lo que espera al final del mismo. Minekura bucea dentro de los personajes y se recrea en sus miedos y en el pasado, los destroza, los abre en canal y te los enseña de la forma más obscena que se pueda mientras mantiene siempre verdades a medias y secretos que sólo se dejan entrever y que reservan una enorme parcela al lector para maniobrar. Eres libre de imaginarte lo que te de la gana sobre sus vidas, de hacer las conjeturas que te apetezcan sobre la naturaleza de sus relaciones, los motivos de sus actos o los sucesos concretos que les han marcado…
Como en la vida real. Y de tanto ponerles de ti, acaban formando parte de tu vida. Fuman, beben, son maleducados y malhablados, reprimen traumas y lo pagan con los demás, rozan (deliciosamente) la homosexualidad cuando menos te lo esperas, nunca acaban de ser buenos tipos porque todos tienen un punto hijo de puta importante… Hasta se puede decir que son los buenos los que ganan a todos los demás en cantidad de miserias humanas per cápita. Pero cuando acabas de conocerles, les quieres a rabiar. El escenario de mundo medio ci-fi medio mitológico, lleno de incongruencias y anacronismos que parecen no sostenerse, no es más que un decorado que el autor maneja a placer con el único fin de que sus muchachos se desenvuelvan.
Kazuya Minekura es mi autor de manga favorito. Y no sólo por lo que comentaba de la complejidad de sus personajes, sino por la calidad de su dibujo, que se refleja, además de en sus series, en libros de ilustraciones que son una auténtica delicia (tiene dos colecciones de ilustraciones con varios volúmenes cada una: Salty Dog y Backgammon)
Y es que debo admitir, aunque diga muy poco en mi favor, que puedo tragarme cualquier bodrio con tal de que el dibujo sea bueno, lo que explica mi afición a la obra de Mayu Shinjo…
Así que cuando encuentro un manga o un anime bien dibujado que además es bueno, saltan todas las alarmas y tengo que controlarme para no causarle una hemorragia grave a la Visa.
Minekura tiene más trabajos publicados, como Bus Gamer o Wild Adapter, de temática ya abiertamente gay. Aún no han llegado a España (aunque dicen que Bus Gamer lo hará pronto), pero tiempo al tiempo, porque los seguidores de Minekura no dejan de aumentar y cada vez llegan con más fluidez títulos japoneses (o eso percibo desde mi humilde punto de vista), así que estaré al acecho.
De momento, Selecta Visión ha anunciado que en otoño de este 2007 sacará en DVD la primera parte completa del anime de Saiyuki. Entre eso y el volumen 4 de Saiyuki Reload que debe de estar a puntito de caer, tengo suficiente hasta final de año. Dios dirá del 2008.
Ya tenéis aquí el número 4 de DESEO. Se ha hecho esperar, pero creo que merecerá la pena. Como siempre, para descargarlo, sólo tenéis que pinchar aquí. Disfrutad de la lectura.
Mientras la peña se vuelve loca en Manhattan por un nuevo cacharrico de Apple que ni siquiera es 3G, ando yo tirada en el sofá con los Cantos de Maldoror, de Ducasse (que es el panfilillo de la foto) con todo el neogótico subido y pasándomelo pipa con las cosas oscuras, los bichos y las perversiones varias. Si es que en el fondo, sigo estando un poco adolescente, por más que mi jefe acabara “gritándonos” (y entrecomillo, porque tan sólo se trata de una voz grave y sonora con cierto tonillo que sólo se puede tener si uno es extremeño, más concretamente de Badajoz) a todos el otro día en una reunión de brainstorming para una actividad promocional de guerrilla: “¡Desengañémonos! Por más que sigamos llevando los pantalones vaqueros caídos, ya no somos jóvenes. No somos esos jóvenes para los que estamos preparando esta historia, por lo que nos hace más falta de lo que pensamos esforzarnos en el ejercicio de ponernos en su lugar, que nosotros ya estamos de vuelta.” Al final, la juventud va a ser una cosa que se mida cualitativamente por la cantidad de cosas vividas, que son las que a uno le hacen estar “de vuelta”.
Pero que uno, en el supuesto de que nos acojamos a esta definición, no sea joven, no significa que no pueda seguir siendo adolescente. Y jo, qué putada, porque es salirse de lo bueno llevándose lo peor: llevándose la capacidad de adolecer intelectual y emocionalmente de quién sabe cuántas cosas ante las que seguimos sintiéndonos seres incompletos. Tiene que ver con el seguir cuestionándose uno ese relato plausible tan producto de lo mediático que es la realidad y, sobre todo, con la inquietud que nace con la curiosidad del niño y que, realmente, puede llegar a morir con el gris devenir de cada día del llamado adulto.
Creo que esto es lo que ha sabido captar Apple en los últimos 10 años. La inquietud de un
público que quiere siempre algo más, y no sólo una cosa nueva, al fin y al cabo pasajera, sino una cosa distinta, para hacer “otras cosas” (de ahí que un “macfan” conserve durante mucho más tiempo su máquina que un “pecero”, amén de que la máquina en sí sea más resistente). Y ni siquiera que sea distinta en sí, sino que vaya revestida de un discurso diferente, que es donde reside el gran logro marketinianio de Steve Jobs. Desde aquel spot de 1984 basado en el 1984 de Orwell, pasando por archiconocida campaña de “Think Different” y planteando un ejemplo curioso en el fenómeno de los “auriculares blancos” del iPod que presuntamente te distinguen del resto de gente que va por la calle con un reproductor de MP3 (la persona del anuncio
está en negro, se le quita identidad, pero los auriculares son blancos, ¿restitución de la antigua identidad por otra nueva?), han sabido de qué va esta historia del adolescente enquistado, que curiosamente no es un fenómeno tan actual como pudiera parecer (fuera falsos mitos de la sociedad del conocimiento o el mundo tecnológico, que ‘raritos’ los ha habido todos los tiempos, el friki y el geek nos son fenómenos aislados), sino un lugar común cuyo rastro se puede seguir en todas las épocas en mayor o menor medida, si bien ahora es mainstream, porque tiene mucho que decir dentro del rol del consumidor voraz.
Qué bueno, qué ejercicio más notable de trasladar el ansia corrosiva del inquieto a otro plano para rentabilizarla, de darle hasta un sentido moral digno
de aprobación (el consumo que es bueno porque dinamiza las economías y ayuda al crecimiento, blablabla…), lo cual sí es una novedad palpable. Ahora ya no se bebe absenta haciendo apología moral del mal (el hada verde se vomita a sí misma), sino que diseñas en Mac con CS3 lo que te sale de donde te salga, y lo cuelgas en Internet y en una semana tienes mil visitas de pavos de Japón que por alguna extraña razón te entienden mejor que tu madre o tu jefe. Ya no hay marginales. Y esto sólo puede escocerle al que de propio quiera voluntariamente marginarse. Al de la pose.
Y a simple vista, no parece del todo malo vivir en un mundo donde tenga sitio, y conviva con otros tan opuestos, el discurso de Maldoror, ¿no? Pero claro, siempre hay un lado oscuro, lo no dicho del relato… Como en todo rasgo humano.
(Tomando por ejemplo que uno se gaste una cantidad de dinero en el Applestore que puede rozar la demencia)
Dedicado a Toño, Óscar y a mí misma.
en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerte
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la resurrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible
sombras
recintos viscosos donde se oculta
la piedra de la locura
corredores negros
los he recorrido todos
¡oh quédate un poco más entre nosotros!
mi persona está herida
mi primera persona del singular
escribo como quien con un cuchillo alzado en la
oscuridad
escribo como estoy diciendo
la sinceridad absoluta continuara siendo lo imposible
¡oh quédate un poco más entre nosotros!
los deterioros de las palabras
deshabitando el palacio del lenguaje
el conocimiento entre las piernas
¿qué hiciste del don del sexo?
oh mis muertos
me los comí me atraganté
no puedo más de no poder más
palabras embozadas
todo se desliza
hacia la negra licuefacción
y el perro de maldoror
en esta noche en este mundo
donde todo es posible
salvo
el poema
hablo
sabiendo que no se trata de eso
siempre no se trata de eso
oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
el que no sirva ni para
ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo
El imperio de los signos, Roland Barthes. Ed. Seix Barral.
Completamente incapaz de tender la ropa recién lavada si no es condenándola a la arruga y la plancha (ineptitud física), absolutamente negada para hacer un simple emparejamiento de elementos para ser votados un concurso (ineptitud lógica), sencillamente llorica por cualquier cosa (ineptitud emocional)… pero suficientemente sinestésica como para entender a Roland Barthes cuando dice que “ve” el lenguaje. O mejor dicho, cuando “decía”, porque ya murió, irónicamente atropellado por la furgoneta de una lavandería a las puertas de la Sorbona, él, el gran semiólogo estructuralista y teórico del signo, cuando venía de almorzar con Miterrand (se dice que la prensa ocultó el incidente unos días para que la opinión pública no pensara que el líder político en cuestión era gafe…).
Los días son de colores, los números también aunque estén escritos en negro sobre blanco; las tonalidades de las voces trazan rutas sinuosas en el aire, como las raíces de un árbol cualquiera obscenamente expuestas; los olores tienen textura; los conceptos tienen asideros inconcebibles y localizaciones en partes del cuerpo… Y ahí en medio se tejen las metáforas, justo donde debe de esconderse la clave que hizo nacer el lenguaje, que provocó que un Paquito cualquiera un poco encorvado y peludo le asociara un sonido determinado a un rayajo en particular, que previamente había dibujado, con mayor o menor idea, sobre la pared de una cueva ayudado por un palito quemado. El Paquito que le dio una tercera dimensión a la humanidad trascendiendo la mera representación de la cosa real, llegando al abstracto: alcanzando el signo.
Claro, que luego el signo siguió su propio camino, como cosa alimentada por el devenir, hasta tomar una entidad que llega a asustar al usuario. De repente, la brecha: entre el que comprende y el que no. De repente, surgió el hermetismo donde antes no lo había (o no en tal medida). De repente, ¡coño, un “kanji”! Y qué es esto, qué me quiere decir, qué encierra, a qué contexto pertenece… y a qué posible definición me agarro cuando no es unívoco y encima saltamos a una cultura diferente… A ver si hay cojones de explicártelo a ti misma, pequeña, (me digo) si sólo se puede contar en los propios términos de una cultura a la que ni siquiera perteneces y cuyas categorías a lo sumo te pueden resultar familiares. La traducción es una quimera, siempre lo ha sido; eso de que hay un núcleo común de significados es una engañifa que sólo provoca que las literaturas nos lleguen desenfocadas. Y no sólo eso. Esos signos van atados a un escenario particular, donde comer, vestirse, follar, andar, decorar, luchar…, todo es diferente, es propio, es sí mismo.
Este es el punto donde comienza la aventura. El resto se desarrolla en función del valor de cada uno para enfrentarse al arcano corazón de una lengua supuestamente accesible. Porque donde hay gramática, hay al menos cierta posibilidad de aprendizaje.





















