Entre la lentejuela en el ojo propio y el maquillaje (de espesor digno de un muro insonorizado) en el ajeno, Eurovisión nos ha dejado una verdadera perla alternativa.

Pero alternativa de verdad, nada de disfraces de orco de Mordor, guitarritas de plástico, vestiditos de patinadora artística (pero qué daño ha hecho Beyoncé) o trajes de fiesta de la boutique Yennis’s de debajo de mi casa…

Ahí estábamos los dos en el sofá, con la esperanza prácticamente tan perdida como cualquier otro año en lo que a este certamen respecta, cuando aparece un paquito con una americana digna de Miami Vice, unas Rayban clásicas, barbas de “algo” más de dos días y esa melena al viento… Montado en su cochecito de golf, con su balón de Nivea y su micro en el suelo. Y va y se marca un temazo con acompañamiento casi casi casi de Casio PT10, y una voz que de primeras nos recordó a nuestro queridísimo Jarvis Cocker.

Qué queréis que os diga, nos llegó al corazón. Tal fue la aparición de Sèbastien Tellier, representante de Francia, con su canción Divine que, en estos precisos momentos, encabeza en mi iPod la lista de reproducción titulada “UN DÍA TAL QUE”.

Por supuesto, en lo que es propiamente el certament, se comió los mocos.

Oh. Siento el deber moral de compartir la canción. (Ojo que es mazo pegadiza.)

Coño, pero qué grande.