Madrid - perpendicular a Lequerica

Una cámara de la que no había hablado hasta ahora es la Holga 120, un juguete de medio formato que tiene su origen en el Hong Kong de los primeros 80 y que nació para ser una alternativa fotográfica para los bolsillos menos pudientes.

Con este fin, combina una carcasa negra y enorme con una lente de plástico, responsable en gran medida de todos los curiosos efectos que se ven en las fotos hechas con una Holga, como por ejemplo que se oscurezcan las esquinas, que el centro aparezca enfocado mientras los bordes se desenfocan, que los colores y la luz queden “raros”… Al correr de los años, y con el surgimiento del movimiento lomográfico, la cámara fue adoptada y reconocida por la Sociedad Lomográfica Internacional como cámara lomográfica, por las peculiaridades de sus resultados. Gracias a ello fue reeditada con algunas novedades, como un flash con filtro de colores (rojo, azul, amarillo y el tradicional blanco) o carcasas de colorines y estampados, que le dan un aspecto aún más infantil, para llamarla con mayor propiedad, si cabe, “cámara de juguete”.

Utiliza película de medio formato, esto es, de 6×6, que es mayor que la de 35mm y da como resultado fotos “cuadradas”, alterando significativamente la concepción de encuadre de los formatos tradicionales “apaisados”. Pero como buena “cámara de juguete”, uno puede jugar con ella y adaptarla caseramente para meterle película de 35mm. Este será mi próximo experimento, y ya estoy deseando ver esas fotografías con perforaciones.

De momento, dejo aquí, y en el álbum de flickr que tenéis a vuestra izquierda, una muestra de mi primer carrete en color de mi Holga 120.

Es genial como la fotografía, que supuestamente retrata el mundo, te sirve para aliviarte, para redimirte y hasta para escaparte de él. Tiene un algo salvador esto… Será por no mirarlo cara a cara, sino a través de un agujerito.