Bueno. Pues ya está. Ronnie se ha quedado a las puertas de lograr su título número 19 frente a un Ding Junhui que le ha vencido con la dignidad mayúscula que solamente da el buen juego.

La eficacia del muchacho de 19 años ha ido de la mano, por una parte, de esa cierta capacidad de soportar la presión que seguramente le lleve muy lejos en su carrera como jugador de snooker, y, por otra, de un ‘The Rocket’ desubicado en el partido que, si bien no ha rascado apenas bola, al menos puede admitir abiertamente que ha sido un partido entretenido, divertido. Un partido de frames cortos (media de 12 minutos) que bien puede devolverle la ilusión perdida que hasta ahora parecía que le arrastraba hacia el pool.Pero los años están pasando, y con la experiencia creciente de los grandes llega también la sangre nueva. Los jóvenes que todo lo revolucionan, capaces de hacer cosas frescas cuando parece que ya está todo visto… El relevo generacional que le da a todo un aire nuevo, y que espero que logre hacer que Ronnie permanezca para medirse con nuevos contrincantes y para hacer cosas como sólo ‘The Rocket’ sabe hacer.

Esta es mi conclusión del encuentro y del torneo. Nos vemos en septiembre en la Pot Black, un torneo a un frame que será de todo menos aburrido. Y que, además, tendrá lugar en un panorama sustancialmente distinto después de la victoria de Junhui.