A veces uno se decepciona. Suele pasar cuando espera que algo transcurra de un modo determinado, y al final acaba saltando por los cerros de Úbeda.Pero hay veces en que uno se lo calla, bien por pudor, bien por indiferencia, bien por miedo a que los demás no compartan su opinión. Luego, hay otros que directamente se exilian a purgar estúpidamente noséqué errores que, cometidos por quien no tiene malicia, son perdonables, rectificables, olvidables… Y esto no hace sino aumentar la injusticia, aunque a veces es necesario ver a alguien en la distancia para poder medirlo con perspectiva en toda su grandeza.
Así, el silencio por la decepción puede durar años. Cierto es que ocurre porque no se hace estrictamente necesario hablar, y también porque es procedente que los demás se forjen su propia idea. No obstante, cuando esto último al fin sucede, llega la chispa: la conexión en la que dos (o más) se dan cuenta de que coinciden precisamente en lo más escondido. ‘Sí, a mí también me ha pasado’. Una extraña suerte de comunión.
‘Uf, qué alivio’. Y luego ‘uy, qué tontos’.
Y por cierto, qué buenísimo estaba el risotto.









2 comments
Comments feed for this article
Julio 18, 2006 a 7:00 pm
acamus
- ¿A quién te refieres?, si no soy demasiado indiscreto. Tanto hermetismo aumente mi curiosidad.
Julio 18, 2006 a 7:10 pm
la estatua del jardín botánico
Sí, a veces pasa. Y el silencio no es malo, mientras uno no se fustigue a sí mismo ni envilezca al otro. El silencio es un gran regalo.